Una tierra dormida.
Unos hombres que deciden despertarla.
“Viva la República” no es solo una obra histórica: es una explosión de ideas, cuerpos y sueños en medio de una colonia que no sabe que está a punto de quebrarse.
Desde Europa llegan palabras peligrosas: libertad, igualdad, razón. Pero al tocar América, esas palabras cambian. Se ensucian con barro, con sangre, con deseo.
Tres hombres —un soñador, un ambicioso y un estratega— se atreven a imaginar lo imposible: una república en un mundo donde todo pertenece al rey. No tienen ejército. No tienen poder. Solo tienen una idea… y eso basta para encender el fuego.
A su alrededor, mujeres que sienten antes de entender. Que observan cómo el mundo tiembla. Que tejen, aman, temen… mientras algo invisible se acerca.
Pero toda revolución tiene su sombra.
La traición no llega con estruendo. Llega suave. Cercana. Inevitable.
Y entonces… todo cae.
O quizás no.
Porque en esta obra, la historia no termina: se repite, se mezcla, se sueña. Los muertos siguen hablando. Las ideas no se hunden. Flotan.
“Viva la República” es teatro vivo, poético y brutal.
Una obra que no cuenta el pasado… lo hace estallar en el presente.







































