En una casa bañada por el sol y las convenciones, una joven debe casarse sin saber por qué. “Cuando venga el amor” es la historia de una inocencia que se despierta tarde, cuando el velo del deber se rompe y asoma la verdad.
Margot, educada para complacer, descubre en la víspera de su boda que su corazón está vacío. Rafael, su prometido, busca en ella un amor que no existe y, al hallarse ante la sinceridad de su renuncia, elige liberarla.
Entre conversaciones frívolas, risas y costumbres burguesas, el texto avanza hacia un duelo íntimo entre la razón y el sentimiento, donde la palabra se convierte en bisturí.
Moock, con lenguaje delicado y moderno, escribe un retrato de la mujer que empieza a pensarse a sí misma, capaz de decir “no” sin odio ni culpa. Una joya del teatro chileno del 1920 que sigue resonando con su pregunta esencial: ¿Qué haremos cuando por fin venga el amor?
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En una villa silenciosa de la Toscana, el tiempo parece haberse detenido. Allí vive Doña Ana Luna, una madre que ha consagrado su vida entera al recuerdo y la espera de un hijo que se marchó hace siete años. Cuando él finalmente regresa, no vuelve para abrazarla, sino para morir entre paredes desnudas y ecos que parecen hablar con voz propia. Pero Ana no acepta esa muerte. No puede. Para ella, el que yace sobre la cama no es su hijo, sino un cuerpo vacío: el verdadero vive todavía en la vida íntima que ella le dio.
Esta obra —una de las más intensas de Luigi Pirandello— explora el amor en su forma más extrema: el amor que crea realidad, que desafía al tiempo y que se aferra al recuerdo como si fuera una roca en medio del naufragio. A través de diálogos afilados y silencios que pesan más que las palabras, el público se adentra en un mundo donde la razón vacila, la memoria se vuelve un refugio y la verdad se quiebra como un espejo.
La llegada inesperada de una joven extranjera, desesperada por reencontrarse con el hombre que amó, abre una fisura aún más profunda en la vida de Ana. Ambas fueron amadas por él, ambas lo esperan, ambas lo sienten aún vivo. La villa se convierte entonces en un lugar donde lo ausente respira, donde las habitaciones parecen guardar secretos y donde cada gesto revela una lucha interna entre aceptar la realidad o sostener el sueño que mantiene el alma en pie.
La vida que te di es un viaje emocional intenso, lleno de poesía, dolor y una hermosura oscura. Una obra pensada para estremecer, para invitar al espectador a preguntarse: ¿cuánta vida damos a quienes amamos? ¿Y cuánto de nosotros muere cuando ellos se van?
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30% ¡Off!
Valencia, 1833. Un carruaje se detiene en las puertas de la ciudad. Ernesto de Guzmán regresa a su tierra tras años de exilio en América. Pero no vuelve como cualquier hijo pródigo. Vuelve marcado por el fuego de las guerras de independencia, por un amor jurado y por una conciencia que lo llevó a luchar contra las mismas banderas que lo vieron nacer.
En el corazón de este drama palpitante se enfrentan la pasión de Ernesto y Camila —primos unidos desde la infancia por promesas sagradas— contra el orgullo de una familia que no perdona. Don Pedro, símbolo vivo de la vieja España, no puede aceptar que su sobrino, un Guzmán de linaje, haya blandido su espada por la libertad americana. Para él, la traición no tiene justificación, y la conciencia individual no puede desafiar al deber militar.
Ernesto es un grito desgarrado en una España dividida entre el honor y el progreso, la lealtad y la libertad. Con diálogos encendidos, personajes entrañables y un trasfondo histórico vibrante, esta obra nos invita a reflexionar sobre la fidelidad, el sacrificio y las cadenas invisibles que la sociedad impone al corazón humano.
Una historia intensa, romántica y trágica que se despliega como una batalla entre lo que uno es, lo que uno cree... y lo que la sociedad le permite ser.
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En un lujoso colegio de señoritas, donde la disciplina y la apariencia lo son todo, una inesperada acusación estremece la rutina estudiantil. Adela, una joven brillante y de noble carácter, es señalada por el robo de unos pendientes. ¿La culpable? Según Emilia, la arrogante hija de familia aristocrática, no hay duda: fue Adela. Sin embargo, no todo es lo que parece.
Mauricia, leal compañera, defiende la verdad contra viento y marea. Mientras tanto, la pequeña Josefina, aterrada, guarda un secreto más grande de lo que su corta edad puede soportar. En medio del drama adolescente y la opresión social, aparece una figura insólita: una anciana enigmática, conocida solo como “La Hechicera”. ¿Bruja o sabia? Nadie lo sabe con certeza, pero todos en la ciudad reconocen su sabiduría ancestral.
Con una gata negra como aliada y una mente aguda como cuchilla, la anciana pondrá a prueba la conciencia de las jóvenes en una escena oscura, literal y simbólicamente. En la penumbra, una por una deberán tocar a la gata… pero la culpable intentará escabullirse del destino.
“La Hechicera” es una comedia infantil con aroma de misterio, un cuento moral disfrazado de teatro escolar, donde la envidia, la lealtad, la astucia y la redención se dan cita en escena. Ideal para montajes escolares o infantiles con contenido, humor y un mensaje claro: la verdad siempre encuentra la forma de brillar, incluso en la oscuridad.
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En una pradera encantada, donde los insectos viven una vida apacible y casi humana, un joven soñador se atreve a amar lo imposible.
"El maleficio de la mariposa", la primera obra escénica de Federico García Lorca, es una exquisita fábula poética que transforma lo ínfimo —cucarachas, gusanos, alacranes y mariposas— en portadores de las pasiones humanas más profundas. A través del lirismo de sus versos y la ternura absurda de sus personajes, la obra nos presenta al pequeño Curianito el Nene, un insecto poeta que, desoyendo las normas de su comunidad, se enamora perdidamente de una mariposa herida que ha caído desde lo alto de un ciprés.
Mientras su madre y los insectos del pueblo intentan emparejarlo con Silvia, una curiana acomodada, él solo sueña con el amor puro y trágico que representa esa criatura alada. Su anhelo es tan grande como su inocencia, y su rebeldía lo conduce a una conclusión inevitable: la belleza ideal no pertenece a este mundo. El amor, cuando apunta al cielo, puede convertirse en maldición.
En esta obra, la sátira se mezcla con la tragedia, y la belleza de los símbolos naturales se entrelaza con el humor más negro. ¿Qué sucede cuando el amor se vuelve inalcanzable? ¿Qué precio pagamos por perseguir un ideal?
"El maleficio de la mariposa" es un canto a la poesía, una crítica a la sociedad conformista y un retrato temprano del estilo único que haría de Lorca un ícono del teatro universal.
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En un rincón humilde de un pueblo andaluz vive Irene, una niña que riega una simple maceta de albahaca como si fuera un pequeño universo secreto. Del otro lado de la calle, encerrado entre lujos y protocolos, un joven Príncipe contempla el mundo con una mezcla de aburrimiento y curiosidad infantil. Dos miradas que jamás deberían cruzarse, y sin embargo se rozan un amanecer cualquiera, cuando ambos se asoman a sus ventanas.
El Príncipe, fascinado por la frescura de Irene, le pregunta por las hojas de su planta; ella, entre canción y timidez, le responde con un acertijo tan antiguo como el amor: “¿Cuántas estrellitas tiene el cielo?”. Ese juego inocente desata en él una inquietud desconocida, tierna y torpe. El muchacho, acostumbrado a que todo se le resuelva, descubre que hay preguntas que ninguna corona puede contestar.
Desde entonces, cada mañana el Príncipe busca a Irene: disfrazado de vendedor de uvas, inventando diálogos, atrapado entre su inocencia y su deseo de impresionarla. Ella, divertida, desconcertada, dulce y punzante a la vez, lo confunde a cada paso con su forma de mirar el mundo. Entre canciones, bromas y lágrimas cómicas, ambos se van acercando sin darse cuenta a ese punto exacto donde la infancia empieza a transformarse.
Pero el amor, incluso en los cuentos, tiene espinas: un malentendido, una vergüenza, un silencio a tiempo, y el corazón del Príncipe cae en una melancolía que contagia todo el palacio. Los Sabios se alarman, los Pajes se desesperan y la corte entera busca una cura para un mal que, quizá, solo pueda resolverse con un gesto inesperado.
Un cuento que mezcla humor, poesía y tradición popular, donde lo pequeño ilumina lo grande, y donde el amor se revela como un duende escondido en los rincones más sencillos del alma.
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En un balcón que mira al mar —ese territorio donde todo parte y nada vuelve igual— una joven borda letras en su ropa como quien ensaya destinos posibles. No tiene nombre único, no quiere tenerlo. Es la Doncella, y su cuerpo, su lenguaje y su deseo están abiertos como el alfabeto completo.
A su alrededor, el mundo presiona. La tradición, encarnada en una anciana vendedora y una madre vigilante, observa con desconfianza esa libertad que no pide permiso. Desde el puerto emergen dos fuerzas opuestas: el Marinero, hijo del viaje, del cuerpo y de la acción; y el Estudiante, criatura nocturna, fugitivo del tiempo, habitante de la idea y la palabra.
Ambos desean. Ambos prometen. Ambos arrastran su propia fragilidad. Ella escucha, pregunta, duda. El lenguaje se vuelve música, metáfora, carne. El mar canta. La luna gira. Las letras pesan.
Federico García Lorca construye aquí una pieza breve, intensa y simbólica, donde el deseo femenino no es objeto sino motor, y donde la elección no es un simple dilema amoroso, sino una pregunta existencial: ¿vivir es anclarse o lanzarse?
Esta obra es poesía encarnada en escena. Es teatro que respira, que arde, que incomoda. Ideal para montajes íntimos, simbólicos, contemporáneos, donde el cuerpo, la voz y la imagen dialogan sin concesiones.
No hay moraleja. Hay vértigo.
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“El Paseo de Buster Keaton” es una joya surrealista donde la ternura y la crueldad se tocan con la punta de los dedos. Aquí, Federico García Lorca transforma al icónico actor del cine mudo en un viajero perdido entre juncos, bicicletas imposibles y animales que hablan. No hay realismo: hay poesía viva, imágenes que respiran, símbolos que atraviesan el alma.
Buster inicia su paseo con un gesto brutal —matar a sus hijos con un puñal de madera— que no busca dolor, sino declarar que el mundo que viene no pertenece a la lógica humana. Desde ese instante, el espectador entra en una dimensión donde lo absurdo gobierna, pero lo hace con una belleza inquietante.
El protagonista pedalea por un paisaje que se encoge, se estira y cambia como un sueño. Sus ojos infinitos —feos y bellos al mismo tiempo— ven lo que nadie más ve: pájaros que dialogan, bicicletas sin dimensiones, ciudades de papel, serafines pálidos, señoritas que tocan piano mientras montan en bicicleta, y un otoño que cae del cielo como un conjuro.
Dos figuras femeninas surgen en su travesía:
La Americana, mujer de celuloide, que pide objetos mágicos que él no posee.
La Joven, mitad ruiseñor, que se desmaya al oír su nombre, revelando la potencia melancólica del personaje.El final llega como un susurro, con policías apareciendo en el horizonte, dejando sensación de fábula inacabada, como si la vida de Keaton fuera un recorrido sin fin entre inocencia y tragedia.
Es una obra breve, intensa, visual y profundamente poética. Una pieza para quienes aman el teatro como arte de imágenes, sensaciones y símbolos.
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En las áridas tierras que bordean Argos, una mujer vive en la sombra del esplendor perdido. Electra, hija de reyes, carga con la herida abierta del asesinato de su padre y el exilio de su hermano. Mientras los usurpadores gobiernan con impunidad, ella resiste en silencio, abrazando su dolor y su dignidad.
Eurípides nos ofrece en esta versión de Electra una mirada íntima, humana y desgarradora sobre la justicia, la memoria y el deseo de redención. A diferencia de otras tragedias, esta obra se centra en la fragilidad de los personajes y en los dilemas éticos de la venganza. ¿Es justa la justicia cuando hiere a quien la aplica? ¿Puede una hija matar por amor a su padre?
Con una puesta en escena sencilla y conmovedora —una cabaña, un río, un sacrificio—, Electra despliega grandes pasiones: odio, esperanza, miedo y compasión. Una obra intensa y reflexiva, perfecta para compañías que buscan textos clásicos con fuerte carga emocional, diálogos filosóficos y una heroína inolvidable.



















