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Obras de teatro listas para montar, estudiar o interpretar — acceso digital inmediato.

  • Bajo la luna andaluza, entre guitarras, porrazos y coplas, estalla el teatro más libre y rebelde: “Los títeres de cachiporra”. Federico García Lorca da vida a un espectáculo irreverente y chispeante donde los títeres no solo hablan... ¡gritan, aman, sufren y se rebelan!

    En el centro de la historia está Rosita, una muchacha llena de poesía y fuerza, que sueña con casarse por amor, no por conveniencia. Su corazón pertenece a Cocoliche, un joven sensible que le canta versos bajo la ventana. Pero su destino se tuerce cuando aparece el grotesco y autoritario Don Cristobita, un burgués con porra en mano y billetes en el bolsillo. Entre serenatas, peleas tabernarias, espectros amorosos y zapateros cómplices, la historia avanza como un torbellino de risas y tragedia.

    Es una obra para reír a carcajadas y luego quedarse pensando. Porque tras los títeres hay verdades humanas: el deseo de libertad, la lucha contra el poder, el anhelo del amor verdadero. Lorca mezcla lo popular y lo lírico, lo infantil y lo violento, lo absurdo y lo mágico, para entregarnos una obra única, visualmente potente y emocionalmente aguda.

    Ideal para quienes buscan teatro popular con alma de poeta.

  • En un salón detenido en el tiempo, un hombre vive rodeado de fantasmas vestidos de época. Se hace llamar Enrique IV. Dicen que en una cabalgata, disfrazado de emperador, cayó del caballo y perdió la razón. Pero los años pasan, y cuando lo visitan su antiguo amor, su hija y un psiquiatra, todos descubren que su locura es más lúcida que su cordura.

    Pirandello convierte la máscara en verdad y la razón en farsa. Enrique IV no es sólo un loco: es el único que se atreve a vivir dentro de su ilusión, porque afuera la realidad es aún más falsa.

    Una tragicomedia brillante, cruel y conmovedora sobre la identidad, el tiempo y la imposibilidad de ser uno mismo en un mundo que sólo nos permite representar papeles.

  • Una mujer renace de entre los muertos en una villa del norte de Italia. Fulvia, marcada por el escándalo y la culpa, vuelve a cruzarse con su marido —el hombre que la salvó con bisturí— y con su amante —el que la arrastró al abismo.
    Pirandello construye una tormenta de pasiones dentro de una vieja pensión donde la razón y el deseo se confunden.
    Entre los murmullos de los criados y las sombras del lago de Como, tres almas se enfrentan al espejo del tiempo: ¿puede el amor sobrevivir después de la humillación?
    Como antes, mejor que antes es una tragedia íntima donde cada personaje busca una segunda oportunidad en un mundo que ya no perdona.
  • En una pradera encantada, donde los insectos viven una vida apacible y casi humana, un joven soñador se atreve a amar lo imposible.

    "El maleficio de la mariposa", la primera obra escénica de Federico García Lorca, es una exquisita fábula poética que transforma lo ínfimo —cucarachas, gusanos, alacranes y mariposas— en portadores de las pasiones humanas más profundas. A través del lirismo de sus versos y la ternura absurda de sus personajes, la obra nos presenta al pequeño Curianito el Nene, un insecto poeta que, desoyendo las normas de su comunidad, se enamora perdidamente de una mariposa herida que ha caído desde lo alto de un ciprés.

    Mientras su madre y los insectos del pueblo intentan emparejarlo con Silvia, una curiana acomodada, él solo sueña con el amor puro y trágico que representa esa criatura alada. Su anhelo es tan grande como su inocencia, y su rebeldía lo conduce a una conclusión inevitable: la belleza ideal no pertenece a este mundo. El amor, cuando apunta al cielo, puede convertirse en maldición.

    En esta obra, la sátira se mezcla con la tragedia, y la belleza de los símbolos naturales se entrelaza con el humor más negro. ¿Qué sucede cuando el amor se vuelve inalcanzable? ¿Qué precio pagamos por perseguir un ideal?

    "El maleficio de la mariposa" es un canto a la poesía, una crítica a la sociedad conformista y un retrato temprano del estilo único que haría de Lorca un ícono del teatro universal.

  • En una casa bañada por el sol y las convenciones, una joven debe casarse sin saber por qué. “Cuando venga el amor” es la historia de una inocencia que se despierta tarde, cuando el velo del deber se rompe y asoma la verdad.
    Margot, educada para complacer, descubre en la víspera de su boda que su corazón está vacío. Rafael, su prometido, busca en ella un amor que no existe y, al hallarse ante la sinceridad de su renuncia, elige liberarla.
    Entre conversaciones frívolas, risas y costumbres burguesas, el texto avanza hacia un duelo íntimo entre la razón y el sentimiento, donde la palabra se convierte en bisturí.
    Moock, con lenguaje delicado y moderno, escribe un retrato de la mujer que empieza a pensarse a sí misma, capaz de decir “no” sin odio ni culpa. Una joya del teatro chileno del 1920 que sigue resonando con su pregunta esencial: ¿Qué haremos cuando por fin venga el amor?

  • Una mujer fuera de la ley. Un hombre que se cree dueño de su voluntad. Una sociedad que castiga lo que desea. Ambientada en el Buenos Aires moderno de 1920, La Serpiente es una comedia de alta temperatura moral, donde las pasiones se entrelazan con la inteligencia y la ironía. Luciana, una mujer separada y amante de un escritor famoso, encarna la rebeldía de una época que empezaba a cuestionar los límites entre el amor, la moral y la libertad. Pedro, el intelectual que la ama, pretende dominar su propia naturaleza a través de la razón, pero termina devorado por aquello que niega: el deseo. Entre conversaciones elegantes, cafés, perfumes, cigarrillos y teorías sobre la “voluntad”, los personajes se enfrentan a un espejo social que los desnuda. Detrás de la comedia late una tragedia sutil: la lucha entre el instinto y la conciencia, entre la apariencia y la verdad. La obra se sostiene en un diálogo ágil, moderno, cargado de humor irónico y observación psicológica. Su mirada sobre la mujer emancipada y el feminismo naciente la convierte en una pieza sorprendentemente vigente. “La Serpiente” es una joya del teatro chileno‑rioplatense que retrata con inteligencia el drama del amor moderno, donde nadie queda ileso y todos muerden o son mordidos.
  • “Todo sea para bien” es una obra donde las apariencias sociales, la moral y el sacrificio se enfrentan en una casa romana cargada de secretos.
    Martino Lori, un consejero de Estado, ha vivido dieciséis años de aparente rectitud, refugiado en el recuerdo de su difunta esposa. Su vida, ordenada y digna, se tambalea el día en que su hija, Palma, se casa con un marqués y la sombra del pasado regresa.
    La inesperada visita de La Barbetti, abuela de la novia, y de su hijo Carletto, desencadena una serie de revelaciones que ponen a prueba la aparente pureza moral de todos los personajes. En medio de la celebración nupcial, el pasado emerge con fuerza: antiguas culpas, adulterios y silencios convenientes que se disfrazan de virtud.

    En la superficie, la obra parece una comedia de modales —con visitas inoportunas y enredos familiares—, pero pronto se convierte en una tragedia íntima sobre el autoengaño y el sacrificio moral.
    Pirandello retrata con precisión quirúrgica cómo los personajes justifican sus mentiras en nombre del “bien común”. El título se vuelve una ironía: “todo sea para bien” significa, en realidad, “todo sea para que nada se rompa”.
    Martino Lori se erige como símbolo del hombre moralmente vencido por la verdad: un ser que elige vivir en la mentira para no destruir la ilusión de pureza de los otros.
    Una obra intensa, moderna y profundamente humana, donde la virtud se convierte en máscara y el amor en renuncia. Perfecta para el teatro psicológico o el realismo dramático contemporáneo.

  • Una mujer virtuosa, un profesor apasionado y un marido animal son los vértices de esta tragicomedia feroz sobre la hipocresía de la moral.
    La señora Perella, símbolo del pudor y la obediencia, esconde un secreto: está embarazada de su profesor de latín, el nervioso y brillante Paolino. Su marido, un capitán brutal y ausente, lleva años negándole el lecho conyugal. El regreso repentino del capitán desata el pánico.
    Paolino, atrapado entre el amor y la desesperación, idea un plan absurdo y genial: hacer que el capitán vuelva a “cumplir sus deberes” conyugales para cubrir la falta de su esposa. Con la ayuda de un médico y un farmacéutico, manipula a todos en una cadena de mentiras que se enreda con comicidad y tensión.
    Entre risas y crueldades, Pirandello desnuda una sociedad que finge virtud mientras se pudre de deseo.
    El público asiste a una danza de apariencias donde la virtud debe disfrazarse de pecado para sobrevivir, el pecado de virtud para justificarse y el hombre racional se ve obligado a despertar la bestia para salvar el honor.
  • Valparaíso, 1919. Un teléfono recién instalado se convierte en el nuevo protagonista de una casa burguesa en decadencia. Don Ildefonso, un caballero maduro con ínfulas de galán, coquetea con su sirvienta Concepción, mientras su esposa, doña Lastenia, duerme el sueño de los celos. Entre llamadas cruzadas, besos mal interpretados y rumores de bodega, el aparato eléctrico se transforma en un espejo indiscreto donde todos quedan al descubierto.

    En esta comedia chispeante, Román Vial anticipa con humor las trampas de la comunicación moderna: el deseo disfrazado de conversación, el poder de la voz y el eterno enredo entre lo dicho y lo escuchado. “¡Alo! ¡Alo! ¡El Teléfono!” es una joya breve, ácida y deliciosa, donde el progreso hace su primera llamada... y nadie sabe colgar a tiempo.

  • En Roma, una mujer sale a pintar y no vuelve. Cuando regresa, herida y silenciosa, su casa entera se hunde en el estupor. No hay culpable, no hay explicación: sólo el cuerpo de Laura Banti, desgarrado y vivo. Su marido, Giorgio, la ama, pero ese amor tropieza con el horror. Él quisiera protegerla, pero también huir de ella. Ambos quedan atrapados entre el deseo, la compasión y la culpa: tres fuerzas que se devoran entre sí.

    Pirandello convierte este suceso íntimo en un laboratorio del alma. Cada gesto, cada palabra, es un experimento sobre la naturaleza del amor cuando la pureza se ha roto. En la segunda mitad, el jardín se vuelve un espejo del cuerpo y del destino: un viejo jardinero explica cómo se injerta una planta “a ojo cerrado”, y esa lección sencilla se transforma en una revelación. ¿Puede la vida acoger en sí algo ajeno y hacerlo propio? ¿Puede el amor nutrir lo que no eligió?

    El injerto no habla de crimen, sino de lo que ocurre después: de la lenta metamorfosis del alma, del terror de amar otra vez. Es una obra donde la belleza y la monstruosidad se abrazan, donde la savia del arte y del cuerpo buscan renacer juntas.
    Pirandello nos deja con una pregunta que todavía sangra: ¿qué es más fuerte, la ofensa o el amor que sobrevive a ella?

  • Entre el cinismo y la desesperación, Silia Gala busca aire en una vida que la ahoga. Su marido, León, ha renunciado a los sentimientos para refugiarse en una fría filosofía que lo vuelve intocable. En cambio, su amante Guido intenta comprenderla y rescatarla, sin advertir que también está cayendo en el tablero que ella mueve con manos temblorosas.
    Pirandello construye un duelo invisible entre razón y deseo, entre cuerpo y mente. El matrimonio convertido en teatro, la pasión en experimento, la libertad en una jaula de cristal.
    “Las Reglas del Juego” es una comedia amarga y cruel donde nadie ama de verdad: todos representan un papel. Cada personaje —la mujer que se asfixia, el marido que analiza, el amante que se pierde— cumple su parte en un juego que solo el intelecto de León comprende hasta el final.
    Es una obra de precisión filosófica y dramatismo punzante: elegante, cínica y profundamente moderna. Detrás de la ironía, late una pregunta eterna: ¿quién juega y quién es jugado?
  • En un rincón polvoriento de Chile, donde el verano se detiene sobre las tejas y los relojes parecen rezar, dos hermanas suspiran por una vida que no llega. Entre la Virgen del salón y el olor a dulce de frutilla, el tedio se vuelve personaje y las palabras se hacen ecos del alma.
    Pero un día, la llegada de Marta —hermana que viene de la ciudad— hace vibrar los muros de la casa. Trae consigo el brillo del progreso, la palabra libre, la nostalgia moderna. Su presencia despierta pasiones dormidas, deseos prohibidos y reflexiones sobre lo que significa “vivir” realmente.
    “Pueblecito” es una tragicomedia íntima sobre el deseo de huir y el miedo a hacerlo, sobre los sueños que envejecen al sol de la provincia y las almas que, aún sin moverse, viajan hacia dentro. Es el retrato de un Chile que empieza a despertar, y de las mujeres que, por primera vez, se atreven a mirar más allá del cerro.
  • Baal” es una tempestad humana hecha carne. Un poeta salvaje que convierte su vida en su obra, sin pedir permiso al cielo ni al infierno. Mientras los demás escriben sobre la vida, él la bebe, la rompe, la canta.

    Baal habita buhardillas, tabernas y camas ajenas. Ama a las mujeres con la misma violencia con que desprecia la moral. Habla con mendigos, con curas, con carreteros, con árboles; y en cada encuentro se reconoce un poco más animal, un poco más dios.

    Su genio fascina y asusta: los burgueses lo invitan a sus salones para adorarlo y terminan huyendo de su brutal honestidad. Las mujeres lo buscan, lo siguen, se hunden con él. Su mejor amigo, su doble —Ekart— lo acompaña en un viaje donde el arte, la lujuria y la destrucción se confunden.

    Brecht, con un lenguaje poético y salvaje, pinta al artista como un cuerpo sin redención. “Baal” no es un drama convencional, sino un canto primitivo al exceso, a la libertad absoluta y al abismo que la acompaña.
    Es una tragedia vitalista, una celebración oscura de lo que arde en cada ser que se niega a vivir a medias.

  • El Placer de la Honradez” es una de las piezas más agudas de Luigi Pirandello, un espejo brutal de la moral burguesa. La historia comienza con una familia en crisis: Águeda, hija de una dama respetable, espera un hijo del marqués Fabio Colli, hombre casado y de alma atormentada. Para evitar el escándalo, Mauricio Setti propone un matrimonio falso con un tal Ángel Baldovino, un filósofo empobrecido, escéptico y sardónico.

    Pero Baldovino no es un oportunista. Es un hombre que, hundido en el desengaño, ha decidido convertir la honradez en su religión. Acepta el matrimonio sólo para reivindicar su dignidad perdida, con la promesa de no tocar el dinero ni la mujer. Sin embargo, su pureza es de hierro: impone una ética tan severa que la farsa se convierte en una cárcel moral.

    A lo largo de la obra, Baldovino pasa de ser un personaje marginal a una fuerza invisible que domina a todos. No es un santo, ni un héroe; es un hombre que, al no poder ser feliz, decide ser justo hasta el extremo. Su honestidad es contagiosa, pero también destructiva: desarma la hipocresía, humilla al marqués, y condena a Águeda y a su madre a vivir bajo una ley sin amor.

    Pirandello, con su característico juego de máscaras, nos obliga a preguntarnos: ¿es la honradez una virtud o una forma más de soberbia? ¿Puede existir la verdad en un mundo hecho de apariencias? En Baldovino, el autor encarna la amarga ironía de quien encuentra placer en ser incorruptible, incluso cuando eso destruye todo lo demás.

  • Una pequeña ciudad se convierte en un laboratorio de la verdad. Allí llega un funcionario taciturno, el señor Ponza, acompañado de su suegra, la dulce y reservada señora Frola. Nadie entiende por qué viven separados, ni por qué ella apenas puede ver a su hija desde una cuerda y una cesta colgando del patio. Las conjeturas corren como fuego entre los vecinos: ¿será celoso, cruel, violento? ¿O habrá algo más oscuro detrás?

    Mientras los curiosos se multiplican, el filósofo burlón Laudisi se ríe de todos: “¿Qué sabéis de los demás, si ni de vosotros mismos sabéis quiénes sois?”
    El consejero Agazzi, símbolo del orden y la autoridad, decide intervenir. Llama al Prefecto, exige explicaciones. Pero la verdad, cuando aparece, se multiplica en contradicciones.

    La señora Frola asegura que su yerno es un hombre bueno y que su hija vive feliz, aunque la vea solo desde el patio. Ponza, en cambio, afirma que la vieja ha perdido la razón: la hija murió, y su esposa actual es otra mujer. Ambas versiones son coherentes… e imposibles a la vez.

    Pirandello transforma el chisme en una metáfora del conocimiento humano: la verdad es un espejo roto, y cada fragmento devuelve un rostro distinto. Entre la cordura y la locura, entre la piedad y el egoísmo, la obra invita a mirar la realidad desde su grieta más profunda: la del juicio social.
    En la frontera entre el teatro y la filosofía, Así es (si así te parece) es una parábola sobre la imposibilidad de saber quién tiene razón… o si la razón existe.

  • En un lujoso colegio de señoritas, donde la disciplina y la apariencia lo son todo, una inesperada acusación estremece la rutina estudiantil. Adela, una joven brillante y de noble carácter, es señalada por el robo de unos pendientes. ¿La culpable? Según Emilia, la arrogante hija de familia aristocrática, no hay duda: fue Adela. Sin embargo, no todo es lo que parece.

    Mauricia, leal compañera, defiende la verdad contra viento y marea. Mientras tanto, la pequeña Josefina, aterrada, guarda un secreto más grande de lo que su corta edad puede soportar. En medio del drama adolescente y la opresión social, aparece una figura insólita: una anciana enigmática, conocida solo como “La Hechicera”. ¿Bruja o sabia? Nadie lo sabe con certeza, pero todos en la ciudad reconocen su sabiduría ancestral.

    Con una gata negra como aliada y una mente aguda como cuchilla, la anciana pondrá a prueba la conciencia de las jóvenes en una escena oscura, literal y simbólicamente. En la penumbra, una por una deberán tocar a la gata… pero la culpable intentará escabullirse del destino.

    “La Hechicera” es una comedia infantil con aroma de misterio, un cuento moral disfrazado de teatro escolar, donde la envidia, la lealtad, la astucia y la redención se dan cita en escena. Ideal para montajes escolares o infantiles con contenido, humor y un mensaje claro: la verdad siempre encuentra la forma de brillar, incluso en la oscuridad.

  • En una Roma silenciosa, donde el peso de la moral aplasta a los corazones, una mujer enfrenta su destino sin gritar. Livia Arciani, esposa fiel y elegante, descubre que su vida, tejida de deber y apariencia, se deshace en el instante en que su marido —Leonardo, periodista fracasado— cae en brazos de otra mujer, Elena Orgera, tan desesperada y humana como ella.

    Pero Pirandello no ofrece una historia de celos; ofrece un espejo. Porque en este drama nadie tiene toda la culpa, ni toda la razón. Livia calla, Leonardo sufre, Elena ama, el padre moralista juzga. Todos viven prisioneros del mismo verdugo invisible: la mirada de los demás.

    La obra transcurre entre oficinas llenas de humo y habitaciones en penumbra, donde las palabras pesan más que los actos. Es un combate entre la verdad íntima y la verdad social, entre lo que uno siente y lo que debe aparentar.
    El clímax llega cuando Leonardo, buscando redimirse, le arrebata la hija a Elena, creyendo que devolverla a su hogar con Livia es una forma de reparar el daño. Pero ese gesto, más que redimirlo, condena a todos al silencio definitivo.

    En la escena final, Livia queda sola, sosteniendo el pequeño sombrerito de su hija, mirando hacia el vacío —o hacia nosotros— con esa serenidad terrible de quien ya ha entendido que vivir es soportar el juicio ajeno.
    Pirandello convierte un triángulo amoroso en una tragedia moral donde la verdad se fragmenta y el perdón nunca llega.

    “No hay pecado más cruel que querer tener razón en un mundo que vive de las apariencias.”

  • Una modista viuda levanta su taller en el corazón de Santiago. Entre maniquíes, telas y máquinas de coser, Isabel Sandoval mantiene viva una casa que se tambalea entre la pobreza y el decoro. Sus hijas cosen, su hijo menor instala motores, y el mayor —el “poeta”— sueña con una vida mejor, tan alta que termina olvidando el suelo que lo sostiene.
    Armando Moock, con una pluma ágil y compasiva, retrata un hogar donde la risa y la miseria conviven. Don Alejo, amigo viejo y filósofo sin fortuna, aporta ironía y ternura; su presencia ilumina la trama como una lámpara en un cuarto oscuro. En ese espacio mínimo, el público asiste al desfile de los grandes temas del Chile urbano de comienzos del siglo XX: la educación como promesa, el trabajo femenino como resistencia, la hipocresía social, el amor no correspondido y el precio de la vanidad.
    El tono de comedia no es liviano: bajo el humor, late la herida del clasismo. Cada diálogo es un duelo entre la apariencia y la verdad, entre la ilusión y la dignidad.
    “Isabel Sandoval, Modas” es una joya de la dramaturgia chilena temprana: una comedia de costumbres con alma de tragedia doméstica. Nos recuerda que, detrás de cada vestido elegante, hay manos que cosen con amor y lágrimas invisibles que no manchan la tela, pero sí la historia.
  • Rucacahuiñ es una zarzuela chilena escrita en 1912 que nos transporta a los paisajes indómitos de la Araucanía, donde conviven tensiones coloniales, identidades cruzadas y una dignidad indígena que resiste. Entre montañas y rucas, emerge la historia de Juana Castañeda: una mujer chilena criada desde niña por mapuches tras ser rescatada en un asalto militar. Con el tiempo, se convierte en la esposa del cacique Puelpán y madre de sus hijos, simbolizando la unión entre dos mundos.

    La obra comienza como un encuentro casual entre comerciantes y viajeros, pero rápidamente revela los engranajes de un conflicto más profundo: la codicia del colono Miguel Rojas, quien no solo comercia con los bienes indígenas, sino que también codicia a Juana. Su plan para conquistarla desata una cadena de tensiones, resistencias y afectos cruzados que alcanzan su punto más alto durante el rucacahuiñ, la gran fiesta mapuche que da nombre a la obra.

    Con diálogos vibrantes, pasajes en mapudungun, humor popular y canto, la zarzuela fusiona comedia costumbrista, drama social y lirismo poético. Filuñamco, el sirviente astuto y narrador oral, se roba las risas del público mientras teje con sabiduría los relatos del pasado. Chávez, el mozo simplón y pícaro, sirve de espejo de la transformación cultural. La música de Alberto García Guerrero aporta emoción y ritualidad, acompañando cada escena con canto y ritmo.

    Rucacahuiñ no es solo una obra; es un testimonio de identidad, resistencia y humanidad. Una celebración dramática de la memoria viva del pueblo mapuche.

  • Una casa luminosa en apariencia. Una familia respetable. Una mañana de domingo en que el aire brilla como vidrio.
    Pero bajo esa luz impecable habitan los espectros de la culpa, los crímenes no confesados, las pasiones que se pudren bajo el mármol.

    El estudiante Arkenholz, un joven inocente con el don de ver lo invisible, se cruza con un anciano en silla de ruedas —Hummel, el tejedor de destinos— y es arrastrado a un mundo donde la realidad es un teatro de sombras. Cada puerta que se abre revela un secreto. Cada rostro amable oculta una ruina moral. El Coronel no es noble, su esposa es una momia viva, su hija un alma pura entre fantasmas. El viejo Hummel intenta ejercer de juez de esa casa de ilusiones, pero sus propios pecados lo condenan.

    La obra se convierte en una misa profana: los personajes comen, conversan y se acusan mientras el reloj de la muerte marca su hora final.
    El estudiante y la joven quedan al borde de la redención, pero la pureza no sobrevive intacta entre los muertos.

    “La Sonata de los Espectros” es una sinfonía de revelaciones morales, una ópera sin música donde el horror cotidiano se mezcla con la poesía. Strindberg convierte lo doméstico en lo demoníaco: una radiografía del alma humana en su contradicción más pura —la necesidad de aparentar santidad para esconder la podredumbre.

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