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Teresa Allyson Pérez, mujer de 50 años en su derroche de simpatía sin igual nos prueba, con su vida, el por qué las mujeres siempre serán mejor que los hombres. Ella nos hablará sobre su despertar sexual, de cómo llegó al matrimonio sin saber qué estaba haciendo, sobre el divorcio y los hombres infieles, de cómo las mujeres se vuelven verdaderamente feministas ante la vista de un culero cagado, de los seductores y el amor a los 50 y de todas esas cosas en que ellas, siempre lo hacen mejor.
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Una mujer avanza de rodillas, cargando velas, culpas y un amor que la desborda.
No reza.
Acusa.En medio de una atmósfera cargada de símbolos religiosos y deseo reprimido, esta figura se desarma frente al espectador. Habla con un hombre que no está. Lo invoca, lo acusa, lo seduce. Es un sacerdote… o quizás una ilusión.
Su relato es un torbellino:
un matrimonio muerto en vida, un amor imposible, fantasías que reemplazan lo que nunca ocurrió.Entre lo sagrado y lo carnal, la protagonista rompe todas las fronteras:
habla de sexo con crudeza, de fe con ironía, de amor con desesperación.Pero algo no encaja.
Las historias se contradicen.
Los hombres cambian.
La verdad se desliza.¿Quién fue realmente su marido?
¿Existió ese amor prohibido?
¿O todo es una construcción para no enfrentar el vacío?Miradas lastimeras no quiero es un monólogo brutal, íntimo y profundamente humano.
Un viaje por la mente de una mujer que, ante la ausencia total de amor, decide inventarlo.Porque cuando no queda nadie…
uno se convierte en su propio teatro. -
Una tierra dormida.
Unos hombres que deciden despertarla.“Viva la República” no es solo una obra histórica: es una explosión de ideas, cuerpos y sueños en medio de una colonia que no sabe que está a punto de quebrarse.
Desde Europa llegan palabras peligrosas: libertad, igualdad, razón. Pero al tocar América, esas palabras cambian. Se ensucian con barro, con sangre, con deseo.
Tres hombres —un soñador, un ambicioso y un estratega— se atreven a imaginar lo imposible: una república en un mundo donde todo pertenece al rey. No tienen ejército. No tienen poder. Solo tienen una idea… y eso basta para encender el fuego.
A su alrededor, mujeres que sienten antes de entender. Que observan cómo el mundo tiembla. Que tejen, aman, temen… mientras algo invisible se acerca.
Pero toda revolución tiene su sombra.
La traición no llega con estruendo. Llega suave. Cercana. Inevitable.
Y entonces… todo cae.
O quizás no.
Porque en esta obra, la historia no termina: se repite, se mezcla, se sueña. Los muertos siguen hablando. Las ideas no se hunden. Flotan.
“Viva la República” es teatro vivo, poético y brutal.
Una obra que no cuenta el pasado… lo hace estallar en el presente. -
Un joven camina por la ciudad como si fuera un templo en ruinas.
No busca placer. No busca amor. No busca poder.
Busca pureza. Busca martirio. Busca santidad.Andrés no vive la fe: la sangra.
Se marca el cuerpo. Castiga su deseo. Renuncia al goce. Persigue la perfección como si fuera una herida abierta. En un mundo atravesado por la miseria, la violencia, la represión, la marginalidad y la hipocresía moral, su espiritualidad se transforma en un delirio místico que lo empuja cada vez más lejos de la humanidad.A su alrededor, orbitan figuras tan humanas como rotas:
una abuela fanática, que convierte la religión en control y miedo;
Esteban, el amigo que ama la vida pero teme al vacío;
María, la ternura atrapada entre fe y deseo;
sacerdotes, delincuentes, travestis, clientas, militares, pobres, víctimas y verdugos que construyen un paisaje urbano donde lo sagrado y lo monstruoso conviven sin fronteras.La ciudad se vuelve altar.
La calle se vuelve confesionario.
El cuerpo se vuelve templo.
La fe se vuelve enfermedad.Éxtasis o La Senda de la Santidad es una obra brutalmente poética que cruza misticismo cristiano, erotismo, violencia social, delirio religioso, represión sexual y crítica política. Un viaje al interior de una mente que confunde salvación con destrucción y pureza con aniquilación.
Aquí la santidad no es luz.
Es fiebre.
Es obsesión.
Es abismo.Una dramaturgia intensa, visceral y simbólica, donde la espiritualidad se convierte en carne, la carne en sacrificio, y el sacrificio en una pregunta sin respuesta:
¿qué ocurre cuando alguien intenta ser santo en un mundo enfermo?



















