Un hombre espera su muerte. Pero no está solo.
En un corredor que parece suspendido fuera del tiempo, rodeado de silenciosas peceras donde los salmones observan como testigos mudos, un condenado reconstruye su vida mientras el final se acerca inevitable.
Él fue muchas cosas: amante, escritor, monstruo, niño abandonado. Ahora es solo un cuerpo que respira sus últimos instantes… y una mente que no deja de crear.
A su lado, un guardián que duda, que se quiebra, que ya no sabe si custodia o acompaña. Y una mujer simple, cotidiana, que limpia el mundo mientras todo se derrumba.
La realidad comienza a fragmentarse. Los roles se confunden. Sócrates aparece. Gabriela Mistral respira. Los recuerdos se mezclan con fantasías, y la verdad deja de ser una línea clara.
¿Qué es un crimen? ¿Qué es la culpa? ¿Dónde termina el cuerpo y comienza la memoria?
Esta no es una historia sobre la muerte. Es sobre el instante antes. Ese momento suspendido donde todo cobra sentido… o lo pierde para siempre.
Una obra cruda, poética y perturbadora que enfrenta al espectador con lo más incómodo: la humanidad incluso en lo monstruoso.



















