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Obras de teatro listas para montar, estudiar o interpretar — acceso digital inmediato.

  • Una cena. Un ídolo. Una familia al borde del colapso.

    En una casa común y corriente, tres mujeres se preparan para recibir al artista más famoso de Chile: Rorostar. La madre, una ex reina del pop barrial venida a menos, está convencida de que esta es su gran noche. La hija, entre vodka con hielo y preguntas existenciales, solo quiere una respuesta: ¿quién es su verdadero padre? La nana, Clarita, la única que guarda silencio, lleva años viendo cómo se desmorona la historia oficial.

    Pero esta no es una obra sobre una estrella. Es una obra sobre lo que construimos para sobrevivir a la ausencia.

    VI AI PI es una comedia negra delirante, deslenguada, absurda y ferozmente chilena. Una crítica descarnada a los ídolos vacíos, a la familia como institución poéticamente disfuncional, y al fanatismo como escape emocional. La obra transita entre lo doméstico y lo grotesco, entre el melodrama y la farsa, entre la ternura y el vómito emocional.

    Cuando finalmente llega el supuesto Rorostar, lo que debía ser una cena mágica se transforma en una escena que nadie olvidará. Una madre que no sabe amar si no es a través del espectáculo. Una hija que busca identidad entre la basura pop. Y una nana que ama en silencio desde el rincón de la historia.

    VI AI PI no es una obra. Es un exorcismo con luces de neón. Un ritual donde se canta, se ríe y se derrumba lo que parecía seguro

  • Una cárcel de arrugas es una obra conmovedora y delirante que nos recuerda que nunca es tarde para amar, desear, equivocarse... o reírse hasta las lágrimas.

    En un comedor cualquiera, Norma y Ernesto—una pareja de ancianos que lleva cuatro décadas juntos—conversan sobre lo que fue y lo que aún podría ser. Ella quiere reír, bailar, amar. Él quiere leer el diario en paz. Pero cuando aparece un misionero mormón (o eso cree él), todo se trastoca: secretos salen a la luz, el tabaco resulta no ser tan tabaco, y la represión sexual de los personajes se libera entre risas, verdades incómodas y un desbordante deseo de vivir.

    Lo que comienza como una discusión marital cotidiana, se transforma en una explosión hilarante de ternura, confesiones y enredos absurdos, que terminan por enfrentar a los protagonistas con sus propios prejuicios, sus miedos a envejecer, y la más profunda necesidad de afecto.

    Una comedia delirante y mordaz que hace reír, conmueve y estremece. Ideal para públicos que disfrutan de los diálogos filosos, la ironía social, el humor generacional y las historias que mezclan la carcajada con la melancolía.

  • En un mundo donde el poder cambia de manos con la violencia de un relámpago, El círculo de tiza caucasiano plantea una pregunta simple y devastadora: ¿a quién pertenece realmente aquello que amamos?

    Cuando un régimen cae y la sangre corre por las calles, una mujer humilde toma una decisión que lo cambia todo. Grusche, sirvienta sin linaje ni fortuna, recoge a un niño abandonado en medio del caos. No es suyo. No debería hacerlo. Y sin embargo, lo hace. A partir de ese instante, su vida se convierte en una larga huida: montañas, hambre, frío, traiciones, renuncias. Amar, aquí, es un acto peligroso.

    Bertolt Brecht entrelaza esta historia íntima con una mirada ferozmente política. El amor maternal no se idealiza: se pone a prueba. La justicia no aparece como un templo sagrado, sino como un espacio frágil donde la inteligencia y la ironía pueden derrotar a la ley ciega. Azdak, juez imprevisible y burlón, desmonta el orden establecido con fallos que parecen absurdos, pero que revelan una lógica profundamente humana.

    La obra no busca consuelo, sino lucidez. Con canciones, narración directa y distanciamiento épico, Brecht nos obliga a mirar de frente: lo justo no siempre coincide con lo legal, y la verdadera propiedad nace del cuidado, no del privilegio.

    Una fábula política, poética y brutalmente vigente.

  • Baal” es una tempestad humana hecha carne. Un poeta salvaje que convierte su vida en su obra, sin pedir permiso al cielo ni al infierno. Mientras los demás escriben sobre la vida, él la bebe, la rompe, la canta.

    Baal habita buhardillas, tabernas y camas ajenas. Ama a las mujeres con la misma violencia con que desprecia la moral. Habla con mendigos, con curas, con carreteros, con árboles; y en cada encuentro se reconoce un poco más animal, un poco más dios.

    Su genio fascina y asusta: los burgueses lo invitan a sus salones para adorarlo y terminan huyendo de su brutal honestidad. Las mujeres lo buscan, lo siguen, se hunden con él. Su mejor amigo, su doble —Ekart— lo acompaña en un viaje donde el arte, la lujuria y la destrucción se confunden.

    Brecht, con un lenguaje poético y salvaje, pinta al artista como un cuerpo sin redención. “Baal” no es un drama convencional, sino un canto primitivo al exceso, a la libertad absoluta y al abismo que la acompaña.
    Es una tragedia vitalista, una celebración oscura de lo que arde en cada ser que se niega a vivir a medias.

  • En una ciudad donde el vapor de las máquinas se mezcla con el olor de la carne y el dinero, una joven cree que la fe puede detener el hambre.

    Juana Dark marcha con tambor y sopa caliente por los mataderos de Chicago. Cree que Dios aún puede ser escuchado entre cuchillas, reses y obreros exhaustos. Cree que la miseria es un problema del alma. Cree que basta cantar más fuerte.

    Pero el mercado no canta.

    Cuando los frigoríficos cierran y decenas de miles quedan en la calle, Juana da un paso que cambiará su destino: decide mirar de frente al poder. Entra en el mundo de los industriales de la carne, donde la compasión es una debilidad y la conciencia un lujo prescindible.

    Allí conoce a hombres que hablan de moral mientras arruinan ciudades enteras. Ve cómo la pobreza no eleva, sino que aplasta. Cómo obliga a mentir, delatar, traicionar. Cómo el hambre no ennoblece: domestica.

    Cada escena empuja a Juana más abajo. Cada respuesta que busca la hunde un poco más. La fe se agrieta. El lenguaje se vuelve insuficiente. La sopa ya no alcanza.

    Brecht construye aquí una tragedia moderna: no la de una heroína vencida por el mal, sino la de una mujer honesta derrotada por un sistema que no necesita villanos, solo engranajes obedientes.

    Santa Juana de los Mataderos no pregunta si el mundo es injusto. Pregunta algo más incómodo:
    ¿qué valor tiene la bondad cuando no se atreve a cambiar las condiciones materiales de la vida?

  • ¿Qué pasaría si un hombre sabio, en la cima de su conocimiento, sintiera que nada de lo aprendido puede llenar su alma? ¿Y si, en ese abismo de frustración, apareciera el mismísimo diablo ofreciéndole el universo a cambio de su alma?

    Fausto, obra monumental de Goethe, es el retrato de una humanidad hambrienta de sentido, placer y trascendencia. El doctor Fausto, erudito consumido por la desesperación, se siente traicionado por los límites de la ciencia y la religión. En su desesperación, invoca a los poderes oscuros y sella un pacto con Mefistófeles, espíritu burlón y astuto que le promete todo lo que desee: conocimiento sin límites, placeres mundanos, juventud, amor. Pero hay una condición: si alguna vez dice "¡Detente, instante, eres tan bello!", su alma pertenecerá al infierno.

    La obra nos lleva desde lo filosófico hasta lo trágicamente humano: Fausto recobra la juventud y se enamora de la inocente Gretchen, a quien arrastra a la ruina. Muerte, culpa, fe y redención se entrelazan en un descenso que es tanto espiritual como emocional. Gretchen, víctima y símbolo, atraviesa el dolor más desgarrador, pero es también quien resplandece con mayor luz al final.

    Fausto no es solo una historia de pacto con el diablo. Es una meditación sobre el deseo, la ambición, la pérdida y el precio de la experiencia. Cada escena revela algo profundo: la dualidad humana, el poder destructivo del ego, pero también la posibilidad de redención.

    Un clásico eterno que nos desafía a mirar hacia adentro.

  • En un Santiago lluvioso de los años sesenta, una casa elegante esconde un campo de batalla íntimo.
    Una joven prostituta entra por error —o por destino— al living de una familia que vive de las apariencias. Lo que comienza como una solución práctica se convierte en una grieta irreparable.

    Nancy, vital, irónica y brutalmente honesta, acepta reemplazar a una empleada doméstica. Allí conoce a Lola, una mujer olvidada, antigua cupletista, madre incómoda, memoria viva de un pasado que nadie quiere recordar. Entre tragos, canciones y confesiones, ambas descubren que comparten algo más profundo que la marginalidad: la lucha por no desaparecer.

    Mientras tanto, Paula, dueña de casa, construyó su identidad negando sus orígenes. Su obsesión por el estatus la ha llevado a encerrar a su madre y a vaciar de sentido su propio matrimonio. Carlos Alberto, su marido, sobrevive refugiado en el billar y en recuerdos de un tiempo donde soñó ser otra cosa.

    La obra cruza con humor ácido y crudeza temas incómodos: la prostitución visible y la invisible, la hipocresía de clase, la maternidad fallida, la memoria artística como amenaza, y la violencia simbólica del “buen vivir”.

    Rivano no juzga: expone.
    Y lo hace con una lengua viva, popular, musical, ferozmente chilena.

    ¿Dónde estará la Jeannette? no busca respuestas fáciles.
    Golpea donde duele.
    Y obliga a mirar de frente aquello que se esconde bajo el mantel bien planchado.

  • Una familia se muda a la casa de sus sueños.
    Pero algo no entra con ellos.

    Un hombre que lo consiguió todo… menos paz.
    Una mujer que perdió más de lo que ganó.
    Un hijo que no cree en el sacrificio.
    Una hija que aún quiere creer.

    Entre cajas, recuerdos y muebles nuevos, se desata una batalla invisible:
    la del origen contra la ambición, la memoria contra el progreso.

    Él construyó su mundo desde la nada—recogiendo lo que otros desechan, viendo valor donde nadie lo ve.
    Pero ahora que tiene dinero, espacio, status… descubre que lo más difícil no es subir.

    Es sostenerse sin romperlo todo.

    Con humor ácido, lenguaje directo y una crudeza profundamente chilena, esta obra revela el precio del ascenso social:
    la familia se convierte en campo de batalla,
    el amor en reproche,
    y el éxito… en una forma silenciosa de soledad.

    Porque no basta con cambiar de casa.
    Hay cosas que no se mudan.

    Y otras… que nunca te sueltan.

  • En una pieza mal iluminada del centro de Santiago, tres vidas chocan como cuchillos sin funda.
    El rucio de los cuchillos nos sumerge en el corazón del bajo mundo chileno de los años sesenta, donde la supervivencia no es una metáfora, sino una rutina.

    Vinizio, recién salido de la cárcel, arrastra un pasado manchado de sangre y un miedo paralizante a volver a caer. La calle lo reconoce, la policía lo persigue y el futuro parece una puerta cerrada. La Guille, prostituta independiente, irónica y ferozmente lúcida, ha aprendido a negociar con la vida sin pedir permiso: vende su cuerpo, pero protege con uñas y dientes su dignidad. El Tolo, su cafiche, vive obsesionado con el poder, el respeto y la posesión, atrapado entre el amor, los celos y la violencia.

    Entre mates, tangos, discusiones y recuerdos, emerge una idea improbable: participar en un concurso de baile. El Teatro Caupolicán se convierte en un sueño frágil, casi absurdo, pero cargado de esperanza. Bailar no es solo moverse: es desafiar al destino, vengarse del desprecio, intentar, aunque sea por una noche, ser otro.

    Luis Rivano escribe con crudeza y poesía popular una obra donde el humor convive con la tragedia, donde los personajes hablan como la calle y piensan como filósofos heridos. El rucio de los cuchillos no juzga: observa. No idealiza: expone. Y en ese gesto honesto, brutal y tierno, nos obliga a mirar de frente una humanidad que rara vez quiere ser vista.

  • En una casa estrecha del barrio Franklin, detrás del ruido del matadero y del olor persistente a carne fresca, una familia sobrevive aferrada a lo único que conoce: el trabajo duro, la sangre en las manos y el silencio heredado.

    Los Matarifes es una radiografía descarnada de la clase obrera chilena, donde el amor familiar convive con la violencia cotidiana, y donde el futuro parece estar escrito antes de nacer. Belisario, el padre, defiende el oficio como una ley ancestral. David, el hijo mayor, carga con la responsabilidad de sostener la casa, pagando con su propia vida los sueños que nunca pudo tener. Roberto, el menor, se rebela sin rumbo: no quiere estudiar, no quiere matar animales, no quiere repetir el destino que lo espera.

    Entre ellos, Teresita sostiene la casa como una columna invisible, postergando su propia felicidad, mientras Carlitos sueña con un amor sencillo que el entorno vuelve casi imposible. En paralelo, una relación amorosa fuera del barrio expone con violencia las fracturas de clase, el machismo, los celos y la culpa de quien intenta escapar de su origen.

    Con un lenguaje directo, popular y profundamente humano, Luis Rivano construye una obra donde cada diálogo sangra realidad. Los Matarifes no juzga: muestra. Y al mostrar, obliga al espectador a mirarse en el reflejo incómodo de una sociedad que devora a los suyos como animales de faena.

  • Tres hombres encerrados. Ninguna condena clara. Ninguna culpa demostrada.
    Solo la sospecha.

    En una celda fría y sucia, mientras una radio suena a ratos desde el pasillo, se cruzan tres mundos que rara vez se miran de frente. Un delincuente profesional que conoce el sistema mejor que nadie. Un trabajador honrado que cree que el esfuerzo lo salva de todo. Y un muchacho que acaba de cometer su primer error.

    El encierro los obliga a hablar. A provocarse. A defenderse. A confesarse.
    Las risas esconden miedo. El humor es un escudo. La violencia siempre está a punto de estallar.

    Por sospecha no es solo una obra sobre presos: es una radiografía brutal de una sociedad donde la justicia no es igual para todos, donde la pobreza se castiga antes que el delito y donde el poder se ejerce desde la impunidad. Luis Rivano construye un texto ferozmente humano, cargado de oralidad chilena, ironía popular y una lucidez política que golpea sin pedir permiso.

    En ese pequeño calabozo caben la historia reciente del país, el miedo heredado, la tortura silenciada, la corrupción cotidiana y una pregunta que atraviesa toda la obra:
    ¿quién es realmente culpable?

    Con una estructura simple y un lenguaje directo, la obra avanza como una pelea verbal, un duelo ideológico y emocional donde nadie sale ileso. El tiempo se estira, la espera asfixia y la sospecha se vuelve una forma de condena.

    Una obra intensa, incómoda y necesaria. Teatro social en estado puro.

  • En el interior de un teatro venido a menos, mientras se ensaya una nueva revista musical, Sexy Boom desnuda —con humor feroz y humanidad cruda— la trastienda del espectáculo chileno de los años ochenta.

    Tres bailarinas y su coreógrafo sobreviven entre lentejuelas, música nostálgica y órdenes gritadas. Ensayan, se provocan, se confiesan y se hieren. Aquí el camarín es ring, confesionario y trinchera. El cuerpo es herramienta de trabajo, moneda de cambio y campo de batalla. El arte, una excusa frágil para no hundirse.

    Lalo, el coreógrafo, sueña con el reconocimiento que nunca llegó. Se burla del sistema mientras lo obedece. Las bailarinas cargan historias de hambre, abuso, ambición y deseo de dignidad. Fabiola exige respeto; Rebeca se aferra al pasado glorioso; Soledad, la más joven, comienza a entender que la injusticia no se resuelve sola.

    Entre números musicales, discusiones violentas y risas obscenas, emerge una pregunta incómoda:
    ¿hasta dónde se puede ceder para seguir trabajando?

    Sexy Boom es una comedia amarga, una sátira social y un retrato feroz del poder, la precariedad y la resistencia femenina. Una obra que hace reír mientras aprieta la garganta. El espectáculo continúa, sí… pero el precio es alto.

  • En una vieja casona de Santiago, mientras suena un tango gastado por la repetición, conviven personajes que se resisten a desaparecer.

    Una ex vedette que no acepta el final de su carrera.
    Un jubilado municipal que ama con una fidelidad desesperada.
    Una mujer de clase alta acorralada por la ruina.
    Un poeta joven que cree que el arte aún puede salvarlo todo.
    Un vigilante obsesionado con el orden.
    Y un amante que huye antes de enfrentar la verdad.

    Te llamabas Rosicler es una comedia amarga, profundamente humana, donde el humor convive con la crueldad y la ternura con la humillación. Luis Rivano retrata una sociedad en tránsito, donde los sueños de grandeza chocan contra la precariedad cotidiana, y donde el pasado pesa más que el futuro.

    La obra se despliega entre discusiones feroces, momentos de delirio poético y escenas de una lucidez brutal. El tango no es solo música: es memoria, es identidad, es una forma de resistir al olvido. Cada personaje lucha por no ser expulsado del escenario de la vida, aunque el mundo —y la ciudad— ya no los necesite.

    Una pieza coral, intensa y tragicómica, que habla de la caída de los ídolos, del amor como refugio y condena, y de un país que comienza a borrar sus propias casas para construir algo nuevo… sin saber muy bien qué.

  • En una casa gastada por el tiempo, donde la luz apenas entra y la vida se sostiene con lo justo, un hombre decide desaparecer sin irse.

    Hugo fue artista. Fue aplauso, maquillaje, escenario. Hoy es sombra. Vive encerrado, escuchando una y otra vez los viejos discos de Al Jolson, como si en esa voz quebrada aún latiera lo que fue… o lo que nunca terminó de ser.

    Su madre, Mamy Chabela, no cree en fantasmas. Cree en la olla, en la feria, en sobrevivir. Lo empuja, lo sacude, lo enfrenta: hay trabajo esperando allá afuera. Un hombre insiste en la puerta. Pero Hugo no abre.

    Porque abrir la puerta es volver.
    Y volver significa recordar.

    En ese espacio íntimo, áspero y profundamente humano, emerge una historia que no se cuenta: se desgarra.
    La de Rossie.
    Una niña de la calle convertida en bailarina, en compañía, en necesidad.
    Un vínculo que no cabe en ninguna etiqueta, pero que dejó una marca imposible de borrar.

    Entre recuerdos, reproches y momentos de humor brutalmente honesto, la obra revela un mundo olvidado: el teatro de revista, sus luces pobres, sus cuerpos expuestos, sus sueños baratos… y sus heridas reales.

    Aquí no hay héroes.
    Solo gente que hizo lo que pudo.

    Y mientras la música sigue sonando en la penumbra, una pregunta queda suspendida:
    ¿Qué pasa cuando lo único que te sostiene… ya terminó?

  • En un departamento elegante, lleno de libros, música clásica y discursos refinados, irrumpe un hombre que huele a calle, a grasa y a vida real. Un gásfiter en sociedad es una comedia afilada como cuchillo que desnuda las tensiones de clase, cultura y poder en el Chile urbano de los años setenta… tensiones que siguen respirando hoy.

    Angélica Luz, académica brillante y mujer emancipada, decide educar al maestro que llegó a arreglar su baño. Cree que el arte puede redimirlo, elevarlo, transformarlo. Él, Onofre, acepta el juego: aprende, escucha, lee… pero nunca deja de ser quien es. Observa, se burla, absorbe y devuelve la cultura filtrada por su experiencia popular, desmontando sin pedir permiso la solemnidad intelectual.

    Entre ambos aparece Carlos, el exmarido: bancario, clasista, inseguro, símbolo del “caballero” que defiende la tradición sin comprenderla. Su presencia vuelve el experimento peligroso, revelando que la lucha no es solo cultural, sino también sexual, económica y simbólica.

    Rivano construye una obra hilarante y cruel, donde el lenguaje es un campo de batalla y el humor un arma política. Nadie queda limpio. Nadie es héroe. La cultura se muestra como lo que muchas veces es: un privilegio que se disfraza de generosidad.

    Una obra profundamente chilena, incómoda, divertida y ferozmente lúcida, que pone al espectador frente a una pregunta sin respuesta fácil:
    ¿Quién educa a quién… y para qué?

  • Mahagonny nace en el desierto como una promesa indecente: una ciudad donde no existen prohibiciones, donde el placer reemplaza a la ley y el dinero dicta la moral. Allí llegan hombres agotados de trabajar, mujeres que aprendieron a sobrevivir vendiendo afecto, y fundadores que entienden el negocio del deseo mejor que nadie.

    Pero cuando todo está permitido, surge una pregunta incómoda: ¿qué significa ser feliz?
    Uno de los recién llegados, un leñador llamado Jim Mahoney, comienza a sospechar que el verdadero peligro no es la miseria, sino el vacío. Su voz rompe la calma artificial de la ciudad y empuja a Mahagonny a mirarse al espejo.

    Brecht construye una sátira feroz: canciones luminosas para hablar de la muerte, humor para desnudar la injusticia, placer para exhibir la crueldad del sistema. Mahagonny no es una ciudad imaginaria: es una advertencia.

    Una obra incómoda, musical y brutalmente actual.

  • En una casa modesta de Santiago, un hombre correcto se enfrenta al ruido ensordecedor del poder.

    Esteban Uribe ha vivido creyendo que la ley basta. Que cumplirla es suficiente para caminar erguido, para dormir tranquilo, para mirar a su hijo a los ojos. Pero cuando el Estado le exige que utilice esa misma ley como arma de censura, su mundo comienza a resquebrajarse.

    Un diario incómodo debe ser silenciado. No por delitos comprobados, sino por pensar distinto. La orden es clara, la presión implacable. Esteban se niega. Y entonces los perros comienzan a ladrar.

    Llamadas anónimas, insultos públicos, sospechas, golpes que no siempre dejan marcas visibles. La violencia se filtra en la casa, en la mesa familiar, en la mirada del hijo que empieza a preguntarse si la honestidad no es, en el fondo, una forma elegante de derrota.

    Entre un ministro cínico, un empresario sin escrúpulos y una sociedad que prefiere el silencio cómodo, Esteban resiste. No como héroe épico, sino como hombre común que se aferra a sus principios mientras todo alrededor le exige que los abandone.

    Deja que los perros ladren es un drama político íntimo, ferozmente vigente, que desnuda el costo real de la integridad en un mundo donde la ley puede torcerse y la moral se negocia.
    Una obra sobre el precio de decir no.
    Y sobre lo solos que quedamos cuando lo decimos.

  • Un grupo de estudiantes se toma una universidad. Cantan, celebran, levantan consignas. Todo parece histórico. Todo parece urgente. Pero cuando las puertas se cierran y la euforia baja, comienza la verdadera obra.

    Nos tomamos la universidad no retrata la épica del movimiento estudiantil desde afuera, sino su corazón contradictorio desde adentro. Ocho jóvenes —distintos entre sí, desiguales en fuerza, convicción y deseo— quedan atrapados en un edificio vacío, sosteniendo una toma que se va deshilachando a medida que aparecen el cansancio, la burocracia, las jerarquías y la duda.

    Aquí no hay héroes puros. Hay dirigentes que aprenden a mandar, rebeldes que exigen acción, intelectuales desencantados, observadores irónicos, artistas frágiles, mujeres empujadas a los márgenes y otras que se niegan a desaparecer. La revolución convive con el tedio. El discurso con el silencio. La esperanza con la sospecha.

    El gesto central —la construcción de un monigote que representa a la autoridad— se transforma en un ritual inquietante: el símbolo reemplaza a la acción, el rito suplanta al cambio real. ¿Qué se quema cuando se quema un monigote? ¿La autoridad… o la propia fe?

    Escrita en 1969, esta obra sigue siendo brutalmente actual. Vodanovic disecciona con lucidez y humor negro los mecanismos del poder, incluso dentro de los movimientos que dicen combatirlo. Una pieza coral, política y profundamente humana, donde la juventud descubre que tomarse un edificio es fácil; lo difícil es sostener un ideal sin traicionarse.

  • Un hombre regresa del exilio creyendo que vuelve a casa.
    Pero la casa ya no existe.

    En una buhardilla suspendida sobre una ciudad transformada por el progreso y el olvido, El Gordo y el Flaco enfrenta a dos amigos marcados por una juventud revolucionaria y un presente irreconciliable. Andrés vuelve cargando memoria, culpa y sueños intactos. Esteban se quedó, se adaptó, triunfó. Ambos creen tener razón. Ambos saben que algo se perdió para siempre.

    La obra se despliega como un duelo verbal intenso, lúcido y profundamente humano. No hay héroes ni villanos: hay elecciones. El dinero, la familia, el miedo, la comodidad, la lealtad, el amor y la vergüenza circulan en cada escena como corrientes subterráneas.

    La llegada de una mujer perseguida por razones políticas reactiva la urgencia del pasado y obliga a los personajes a definirse. ¿Hasta dónde llega la responsabilidad moral? ¿Qué precio tiene la coherencia? ¿Es posible seguir creyendo cuando todo alrededor invita a olvidar?

    Sergio Vodanovic construye un drama íntimo y político, atravesado por humor amargo, recuerdos compartidos y canciones que funcionan como fantasmas del tiempo perdido. La buhardilla se transforma en un campo de batalla simbólico donde se enfrentan la memoria y la amnesia colectiva.

    El Gordo y el Flaco no habla solo del pasado chileno: habla de todos aquellos que alguna vez soñaron con cambiar el mundo y despertaron en uno que ya no reconocen.

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