Una mujer avanza de rodillas, cargando velas, culpas y un amor que la desborda.
No reza.
Acusa.
En medio de una atmósfera cargada de símbolos religiosos y deseo reprimido, esta figura se desarma frente al espectador. Habla con un hombre que no está. Lo invoca, lo acusa, lo seduce. Es un sacerdote… o quizás una ilusión.
Su relato es un torbellino:
un matrimonio muerto en vida, un amor imposible, fantasías que reemplazan lo que nunca ocurrió.
Entre lo sagrado y lo carnal, la protagonista rompe todas las fronteras:
habla de sexo con crudeza, de fe con ironía, de amor con desesperación.
Pero algo no encaja.
Las historias se contradicen.
Los hombres cambian.
La verdad se desliza.
¿Quién fue realmente su marido?
¿Existió ese amor prohibido?
¿O todo es una construcción para no enfrentar el vacío?
Miradas lastimeras no quiero es un monólogo brutal, íntimo y profundamente humano.
Un viaje por la mente de una mujer que, ante la ausencia total de amor, decide inventarlo.
Porque cuando no queda nadie…
uno se convierte en su propio teatro.



















