En medio del desierto más árido del mundo, donde la vida parece un error, se levanta Sebastopol: una ciudad creada por el hombre… y sostenida por el sufrimiento.
Allí, bajo un sol que no perdona, conviven dos realidades que nunca se tocan realmente. Arriba, la élite extranjera celebra el progreso: té, música, discursos de civilización. Abajo, los obreros se consumen entre vapor, polvo y hambre, soñando con un futuro que parece imposible.
Luis llega desde el sur con esperanza. Cree que podrá trabajar, ahorrar, volver. Pero la pampa no devuelve nada. Solo transforma.
Mary Jo, en cambio, parece no pertenecer a ningún tiempo. Habla de ciudades que aún no existen, de televisores, de un futuro que nadie más ve. Dice que no se llama así. Dice que está atrapada.
Entre ellos nace algo frágil: una conexión que desafía el tiempo, el sistema… y la cordura.
Mientras tanto, la tensión crece. Los obreros comienzan a organizarse. Exigen lo básico: dignidad, justicia, humanidad. Pero en Sebastopol, pedir es un acto peligroso.
El sistema no dialoga. Castiga.
La pampa escucha todo. El viento arrastra voces. El pasado se mezcla con el futuro.
Y cuando la violencia llega, no deja espacio para la duda: aquí el progreso tiene un precio… y alguien siempre paga.
Sebastopol es un viaje al corazón de la explotación, pero también al origen de la rebeldía. Una obra donde el tiempo se rompe, el amor es incierto… y la memoria nunca se extingue.



















