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  • En una modesta casa de Santiago, la vida de Guadalupe y su hija Bartola está marcada por las borracheras de Aniceto Sarmiento, esposo y padre incorregible. Entre discusiones, ironías y planes matrimoniales, surge un dilema: ¿casar a Bartola con su primo Pedro Alcántara, rico pero tan perezoso que se cansa de andar dos cuadras, o con el valiente sargento Marcial Oporto, que parte a la guerra sin más fortuna que su honor?
    La inesperada visita de doña Mónica, curandera ingeniosa, enciende la chispa de un disparatado plan para apartar a Aniceto del alcohol: desde remedios estrafalarios hasta una escenificación en la que todos fingen que ha muerto. Pero la farsa toma otro rumbo con la llegada de Marcial y la noticia de la captura del Huáscar. Entre equívocos, disfraces y falsas muertes, Aniceto vive una “revelación” patriótica y decide enlistarse para limpiar su nombre.
    En un acto lleno de humor, sátira y guiños a la actualidad de 1883, ¡Moro Viejo! combina enredos domésticos, costumbrismo chileno y fervor bélico, ofreciendo un retrato hilarante de personajes entrañables y exagerados. Una comedia de enredos donde la risa y el ingenio son protagonistas, y donde el amor… se disputa entre la flojera y la valentía.
  • En un edificio de muros verdes y puertas metálicas, donde los cuerpos llegan sin nombre y se van con certificados impecables, la muerte trabaja en horario de oficina.
    Ese lugar es 99 La Morgue.

    Aquí, la autopsia no es ciencia: es discurso.
    La ficha no es verdad: es silencio firmado.

    Germán, un joven interno que pinta para no volverse piedra, empuja camillas mientras observa cómo la muerte es administrada con eficiencia y cinismo. A su lado, Fernanda limpia, canta y cree; el Director brinda con champagne y dicta lecciones morales mientras decide qué cadáver merece existir y cuál será borrado.

    Pero la morgue no está sola.
    La habitan fantasmas: mujeres coloniales encerradas por deseo, próceres paralíticos, madres que buscan a sus hijas, dioses antiguos, vírgenes tutelares y cadáveres que no aceptan la versión oficial de su muerte.

    El tiempo se quiebra. Las escenas se repiten como una pesadilla burocrática. Las voces del pasado irrumpen en el presente. El poder se disfraza de médico, de emperador romano, de patriota. La violencia se justifica con palabras técnicas, latín, protocolos y aplausos.

    En medio de este engranaje, Germán intenta algo imposible: mirar.
    Mirar los cuerpos.
    Mirar la historia.
    Mirar lo que todos prefieren negar.

    99 La Morgue no cuenta un crimen: lo disecciona.
    No acusa con consignas: invoca con imágenes, cantos y visiones.
    Es una obra donde el teatro se convierte en autopsia del país y el escenario en una fosa común iluminada.

    Aquí, la pregunta no es quién murió.
    La pregunta es: quién firmó el informe.

  • Valparaíso, 1919. Un teléfono recién instalado se convierte en el nuevo protagonista de una casa burguesa en decadencia. Don Ildefonso, un caballero maduro con ínfulas de galán, coquetea con su sirvienta Concepción, mientras su esposa, doña Lastenia, duerme el sueño de los celos. Entre llamadas cruzadas, besos mal interpretados y rumores de bodega, el aparato eléctrico se transforma en un espejo indiscreto donde todos quedan al descubierto.

    En esta comedia chispeante, Román Vial anticipa con humor las trampas de la comunicación moderna: el deseo disfrazado de conversación, el poder de la voz y el eterno enredo entre lo dicho y lo escuchado. “¡Alo! ¡Alo! ¡El Teléfono!” es una joya breve, ácida y deliciosa, donde el progreso hace su primera llamada... y nadie sabe colgar a tiempo.

  • El Momo no se representa: irrumpe.

    Este texto feroz de Antonin Artaud es un grito lanzado desde el fondo del cuerpo, una obra donde el lenguaje deja de ser herramienta y se convierte en herida. Aquí no hay historia que seguir ni personajes que observar a distancia: hay una presencia que arde frente al espectador, una voz que acusa al mundo de haberle robado el alma a través de la razón, la medicina y la moral.

    Artaud escribe después del encierro, después del electroshock, después de la humillación. Y escribe con todo lo que queda: saliva, hueso, espasmo, blasfemia. El cuerpo aparece como territorio saqueado, atravesado por instituciones que dicen curar pero que en realidad vacían, mutilan, anulan.

    Dios, la psiquiatría, el Estado, la palabra misma son nombrados y escupidos. El texto avanza como una ceremonia oscura donde cada frase es una descarga eléctrica y cada imagen un golpe directo al sistema nervioso del espectador.

    No hay consuelo. No hay metáfora tranquilizadora.
    Hay carne. Hay furia. Hay lucidez en estado salvaje.

    El Momo es teatro llevado a su grado cero: un actor solo frente al público, sosteniendo una lengua rota que se niega a obedecer. Una experiencia escénica que no busca gustar, sino despertar, incomodar y dejar marcas.

    Una obra para cuerpos valientes.
    Un texto que no se lee: se sobrevive.

  • Mahagonny nace en el desierto como una promesa indecente: una ciudad donde no existen prohibiciones, donde el placer reemplaza a la ley y el dinero dicta la moral. Allí llegan hombres agotados de trabajar, mujeres que aprendieron a sobrevivir vendiendo afecto, y fundadores que entienden el negocio del deseo mejor que nadie.

    Pero cuando todo está permitido, surge una pregunta incómoda: ¿qué significa ser feliz?
    Uno de los recién llegados, un leñador llamado Jim Mahoney, comienza a sospechar que el verdadero peligro no es la miseria, sino el vacío. Su voz rompe la calma artificial de la ciudad y empuja a Mahagonny a mirarse al espejo.

    Brecht construye una sátira feroz: canciones luminosas para hablar de la muerte, humor para desnudar la injusticia, placer para exhibir la crueldad del sistema. Mahagonny no es una ciudad imaginaria: es una advertencia.

    Una obra incómoda, musical y brutalmente actual.

  • Una pequeña ciudad se convierte en un laboratorio de la verdad. Allí llega un funcionario taciturno, el señor Ponza, acompañado de su suegra, la dulce y reservada señora Frola. Nadie entiende por qué viven separados, ni por qué ella apenas puede ver a su hija desde una cuerda y una cesta colgando del patio. Las conjeturas corren como fuego entre los vecinos: ¿será celoso, cruel, violento? ¿O habrá algo más oscuro detrás?

    Mientras los curiosos se multiplican, el filósofo burlón Laudisi se ríe de todos: “¿Qué sabéis de los demás, si ni de vosotros mismos sabéis quiénes sois?”
    El consejero Agazzi, símbolo del orden y la autoridad, decide intervenir. Llama al Prefecto, exige explicaciones. Pero la verdad, cuando aparece, se multiplica en contradicciones.

    La señora Frola asegura que su yerno es un hombre bueno y que su hija vive feliz, aunque la vea solo desde el patio. Ponza, en cambio, afirma que la vieja ha perdido la razón: la hija murió, y su esposa actual es otra mujer. Ambas versiones son coherentes… e imposibles a la vez.

    Pirandello transforma el chisme en una metáfora del conocimiento humano: la verdad es un espejo roto, y cada fragmento devuelve un rostro distinto. Entre la cordura y la locura, entre la piedad y el egoísmo, la obra invita a mirar la realidad desde su grieta más profunda: la del juicio social.
    En la frontera entre el teatro y la filosofía, Así es (si así te parece) es una parábola sobre la imposibilidad de saber quién tiene razón… o si la razón existe.

  • En un rincón olvidado de la cordillera chilena, donde el viento manda y la ley no alcanza, Bailahuén despliega una historia cruda, musical y profundamente humana. Un rancho aislado reúne a cuatreros, cantores, mujeres cansadas y hombres marcados por el tiempo. Allí, Don Erasmo, huaso viejo y duro, cree sostener el orden con su experiencia y su cuchillo. Pero el orden es frágil cuando entra en escena Perejil, un joven errante, pobre y hambriento de futuro.

    Clarita, joven y viva, atrapada en una relación desigual, ve en Perejil una salida. No una promesa romántica, sino una posibilidad de escape. Entre cantos populares, rancheras y guitarras, el deseo empieza a circular, y con él, el miedo. Porque en ese mundo, amar es traicionar, y sobrevivir exige silencio.

    La obra se mueve entre lo festivo y lo trágico. La música no alivia: encubre. El humor campesino no suaviza: hiere. Cada diálogo arrastra siglos de cultura oral, machismo, pobreza y códigos de honor no escritos. El mito del “bailahuén”, planta que supuestamente devuelve el vigor perdido, atraviesa la obra como símbolo: todos buscan una segunda oportunidad que no existe.

    Bailahuén es una obra de frontera: entre Chile y Argentina, entre ley y delito, entre amor y posesión. Germán Luco Cruchaga construye un sainete que ríe con los dientes apretados y canta mientras se afila el cuchillo. Nada es ingenuo. Todo tiene costo.

    Una pieza esencial del teatro chileno, tan vigente hoy como en 1928.

  • "Cada Oveja con su Pareja" es una deliciosa comedia chilena del siglo XIX, escrita por Daniel Barros Grez, que celebra el amor inesperado, los enredos familiares y las pasiones ocultas. Ambientada en una tradicional casa santiaguina, la obra se despliega en un solo acto cargado de ironía, romanticismo y un encantador costumbrismo.

    Don Cayetano, un caballero de campo que ha vivido años en soledad, decide buscar esposa para llenar el vacío de su hacienda. En su viaje a Santiago, se reencuentra con Doña Bernarda, una viuda vivaz y su encantadora hija Lucía, con quienes compartió momentos memorables en los baños de Cauquenes. Lo que comienza como una conversación amistosa termina revelando intenciones amorosas, promesas de felicidad hogareña y confesiones que cruzan generaciones.

    La obra juega con los equívocos y los deseos silenciosos de sus personajes: madres e hijas, tíos y sobrinos, todos entrelazados en una red de afectos no dichos, pero profundamente sentidos. La tensión se construye con gracia, a través de diálogos chispeantes y escenas que equilibran lo romántico y lo cómico. ¿Quién ama a quién? ¿Es posible que dos generaciones estén enamoradas de la misma familia?

    "Cada Oveja con su Pareja" es una obra ingeniosa y luminosa, ideal para públicos que buscan reír, emocionarse y reconocerse en los eternos enredos del corazón.

  • En las sombras del Chile de comienzos del siglo XX, un hombre llamado Emilio Dubois se convierte en el símbolo de un país desgarrado entre la miseria y la moral.
    Este drama, inspirado en hechos reales, recorre su descenso desde el crimen hasta la redención imposible. Lo vemos asesinar, ocultarse entre cuecas y borrachos, burlar la policía y enfrentarse al destino con la calma de quien ya lo ha perdido todo.
    Pero en la cárcel, Dubois se revela humano: ama, se casa, reza, reniega de los curas y pide solo una cosa antes del fusilamiento: que su mujer y su hijo sean protegidos por el país que lo condena.
    Captura y Fusilamiento de Dubois” es más que una historia policial: es un espejo de la sociedad chilena de su tiempo.
    Su último grito —“¡Justicia, pero para todos!”— resuena más allá del cadalso, exigiendo igualdad ante la ley en un país que aún hoy parece no haberla alcanzado.
    Una tragedia moderna con corazón obrero y voz de denuncia.  
  • En una elegante casa noruega, Nora Helmer parece tenerlo todo: una familia amorosa, una vida cómoda y la promesa de una nueva estabilidad económica. Sin embargo, bajo esa aparente perfección, se oculta un secreto que desafía las normas sociales, las leyes y los límites del amor conyugal.

    Casa de muñecas, obra cumbre del realismo moderno, nos introduce en un mundo de apariencias, manipulaciones y sacrificios silenciosos. Nora, tierna y vivaz, ha cometido una falta en nombre del amor, pero ese acto de devoción amenaza con volverse en su contra cuando su pasado llama a la puerta en forma de chantaje. A medida que los días festivos se acercan y la felicidad conyugal se ve amenazada, las grietas en la estructura del matrimonio se hacen cada vez más visibles.

    Henrik Ibsen nos entrega una historia intensa, donde las pequeñas acciones adquieren una magnitud devastadora, y donde la verdadera revolución ocurre en el alma de una mujer que se atreve a pensar por sí misma. Esta obra no solo retrata el rol de la mujer en la sociedad del siglo XIX, sino que lo cuestiona radicalmente, dejando en el espectador una inquietud que traspasa el tiempo.

    Una joya del teatro universal que conmueve, incomoda y transforma.

  • En un modesto taller de sastrería de Santiago, entre tijeras gastadas, telas descoloridas y sueños que no cotizan en el mercado, vive Casimiro Vico, un hombre bueno, excesivamente bueno. Sastre de oficio, artista de vocación, Casimiro cree —con fe casi infantil— que el teatro ennoblece, salva y redime.

    Cuando una compañía teatral aparece prometiéndole gloria, aplausos y un nuevo destino, Casimiro acepta sin medir consecuencias. Junto a su esposa Carmen —práctica, sensible y dueña de una voz que sorprende a todos— abandona la seguridad del trabajo para lanzarse a una gira incierta. Él quiere ser actor. Ella, sin buscarlo, empieza a serlo de verdad.

    Pero el teatro no es solo telón y ovaciones. Es ensayo interminable, egos heridos, contratos difusos, hambre, trenes que no esperan y estaciones donde nadie escucha. A medida que el viaje avanza, la ilusión se agrieta. Casimiro no es el gran actor que imaginó, pero sigue siendo el hombre generoso que sostiene a todos. Carmen, en cambio, crece, se afirma, y ve con claridad lo que su marido se niega a aceptar.

    Casimiro Vico, Primer Actor es una obra profundamente humana, divertida y dolorosa, que retrata el mundo teatral desde adentro: sus miserias, su ternura y su brutal honestidad. Una tragicomedia donde el sueño artístico se enfrenta a la realidad social, y donde el verdadero heroísmo no está en el aplauso, sino en la dignidad de quien se atreve a creer.

  • La puesta en escena, que cuenta con el apoyo del Fondart Bicentenario, entrecruza canto y bailes, colores y texturas para representar distintos pasajes de nuestro patrimonio teatral, con diez actores en escena que dan vida a más de cuarenta personajes. “Camila, la patrióta de Sud-América”, de Camilo Henríquez (1810), “La Independencia de Chile”, de José Antonio Torres (1840), “La batalla de Tarapacá”, de Carlos Segundo Lathrop (1880), y “La República de Jauja”, de Juan Rafael Allende (1900) son las obras escogidas como punto de partida para este festivo montaje. Algunas de ellas fueron publicadas en una antología de dramaturgia que encargara el presidente Montt con motivo del centenario de la República, pero ninguna ha vuelto a presentarse después de su estreno en alguno de los teatros nacientes de nuestra ciudad.
  • Una mujer renace de entre los muertos en una villa del norte de Italia. Fulvia, marcada por el escándalo y la culpa, vuelve a cruzarse con su marido —el hombre que la salvó con bisturí— y con su amante —el que la arrastró al abismo.
    Pirandello construye una tormenta de pasiones dentro de una vieja pensión donde la razón y el deseo se confunden.
    Entre los murmullos de los criados y las sombras del lago de Como, tres almas se enfrentan al espejo del tiempo: ¿puede el amor sobrevivir después de la humillación?
    Como antes, mejor que antes es una tragedia íntima donde cada personaje busca una segunda oportunidad en un mundo que ya no perdona.
  • "Como en Santiago" es una comedia de costumbres tan vigente como mordaz. Ambientada en un tranquilo pueblo chileno del siglo XIX, nos adentra en el mundo de una familia que, empeñada en aparentar lo que no es, cae en los enredos del amor, el arribismo y la ignorancia ilustrada.

    Doña Ruperta, matriarca voluntariosa, vive obsesionada con transformar su hogar en una imitación perfecta de la capital. Su hija Dorotea, criada en ese delirio de grandeza, sueña con galanes refinados, vestidos parisinos y matrimonios a la velocidad del vapor santiaguino. Todo parece ir sobre ruedas hasta que aparece Faustino Quintalegre, un diputado capitalino cuya labia encantadora desata el caos.

    En una sola noche, Dorotea abandona a su prometido provincial, Silverio, y apuesta todo a Faustino, un hombre que la halaga pero oculta intenciones más convenientes que románticas. Entre tanto, Inés —la sobrina huérfana y olvidada— observa en silencio y desde la sombra, cargando con un amor que no puede confesar y una dignidad que eclipsa a todos los personajes.

    Con diálogos filosos, personajes ridículos y situaciones hilarantes, esta obra retrata con agudeza la imitación absurda de los hábitos urbanos, el clasismo encubierto en la vida provinciana y el eterno conflicto entre apariencia y autenticidad. Una joya del teatro chileno decimonónico que todavía hace reír —y pensar— sobre quiénes somos y a quiénes queremos parecer.

  • En una casa bañada por el sol y las convenciones, una joven debe casarse sin saber por qué. “Cuando venga el amor” es la historia de una inocencia que se despierta tarde, cuando el velo del deber se rompe y asoma la verdad.
    Margot, educada para complacer, descubre en la víspera de su boda que su corazón está vacío. Rafael, su prometido, busca en ella un amor que no existe y, al hallarse ante la sinceridad de su renuncia, elige liberarla.
    Entre conversaciones frívolas, risas y costumbres burguesas, el texto avanza hacia un duelo íntimo entre la razón y el sentimiento, donde la palabra se convierte en bisturí.
    Moock, con lenguaje delicado y moderno, escribe un retrato de la mujer que empieza a pensarse a sí misma, capaz de decir “no” sin odio ni culpa. Una joya del teatro chileno del 1920 que sigue resonando con su pregunta esencial: ¿Qué haremos cuando por fin venga el amor?

  • En el Santiago de comienzos del siglo XX, Julián Requena, un carpintero honesto y trabajador, parece haber alcanzado el sueño de todo obrero: mantener a su familia y proyectar la compra de una casa propia. A su lado, Mercedes, su esposa, encarna la prudencia y la virtud, mientras su hija Virginia deslumbra por su inocencia, talento y ansias de un futuro digno.

    Pero la estabilidad del hogar pronto se ve amenazada por fuerzas oscuras. El alcohol, en forma de la taberna, se convierte en el enemigo silencioso que devora ahorros, honra y voluntad. Cirilo Canales, un vecino vicioso y corrupto, arrastra a Julián a la bebida, desencadenando una cadena de conflictos familiares y sociales.

    En contraste, la juventud aparece dividida: Manuel Contreras, un joven mecánico idealista, representa el amor sincero y el progreso, mientras que Alfredo Fuentes, hijo de un hacendado, simboliza la decadencia de la élite: jugador empedernido, libertino y borracho, que pretende seducir a Virginia a cualquier costo. La sombra del poder policial, encarnada en Querubín Botarro, acecha como un recordatorio de que la corrupción no está lejos del crimen.

    De la Taberna al Cadalso es un drama social y moralizante que retrata con crudeza la fragilidad del hogar obrero frente a las tentaciones del vicio. Escrita en verso y con escenas que alternan ternura, tensión y denuncia, la obra interpela al espectador: ¿puede una familia resistir cuando el alcohol se convierte en su juez y verdugo?

    Un clásico del teatro chileno de denuncia, vigente hasta hoy, que invita a reflexionar sobre los límites entre virtud y corrupción, amor y degradación.

  • En una noche suspendida entre la memoria, la furia y la muerte, un anciano Pablo de Rokha se enfrenta a los fantasmas de su propia existencia. Rodeado de papeles, vino, piedras y recuerdos, el legendario poeta chileno revive los episodios que marcaron su vida: el amor feroz por Winétt de Rokha, la tragedia de sus hijos perdidos, las luchas políticas que incendiaron su pensamiento, las disputas con la intelectualidad de su tiempo y la incansable batalla de un hombre que jamás supo doblarse ante nadie.

    “De Rokha” no es una biografía convencional: es una inmersión visceral en la mente y el corazón de uno de los personajes más intensos, contradictorios y apasionados de la literatura chilena. A través de una puesta en escena profundamente poética, la obra transforma al célebre escritor en un mito viviente; un toro herido, un profeta maldito, un padre devastado, un amante feroz, un revolucionario que convirtió la palabra en arma y la poesía en piedra.

    Entre recuerdos fragmentados, apariciones fantasmales y diálogos cargados de crudeza, humor y lirismo, el espectador presencia la construcción y destrucción de un hombre monumental que dedicó su vida a escribir con rabia, amar con violencia y vivir sin pedir permiso. Cada escena revela el precio de su genialidad, el peso de sus convicciones y la soledad inevitable de quien elige enfrentarse al mundo entero antes que traicionar su verdad.

    Con una estética intensa y profundamente teatral, “De Rokha” es un homenaje feroz al artista indomable, al hombre político, al padre quebrado y al poeta inmortal. Una obra sobre la creación, el dolor, la memoria y la lucha de un hombre cuya voz fue demasiado grande para su tiempo… y demasiado salvaje para ser olvidada.

  • En una casa modesta de Santiago, un hombre correcto se enfrenta al ruido ensordecedor del poder.

    Esteban Uribe ha vivido creyendo que la ley basta. Que cumplirla es suficiente para caminar erguido, para dormir tranquilo, para mirar a su hijo a los ojos. Pero cuando el Estado le exige que utilice esa misma ley como arma de censura, su mundo comienza a resquebrajarse.

    Un diario incómodo debe ser silenciado. No por delitos comprobados, sino por pensar distinto. La orden es clara, la presión implacable. Esteban se niega. Y entonces los perros comienzan a ladrar.

    Llamadas anónimas, insultos públicos, sospechas, golpes que no siempre dejan marcas visibles. La violencia se filtra en la casa, en la mesa familiar, en la mirada del hijo que empieza a preguntarse si la honestidad no es, en el fondo, una forma elegante de derrota.

    Entre un ministro cínico, un empresario sin escrúpulos y una sociedad que prefiere el silencio cómodo, Esteban resiste. No como héroe épico, sino como hombre común que se aferra a sus principios mientras todo alrededor le exige que los abandone.

    Deja que los perros ladren es un drama político íntimo, ferozmente vigente, que desnuda el costo real de la integridad en un mundo donde la ley puede torcerse y la moral se negocia.
    Una obra sobre el precio de decir no.
    Y sobre lo solos que quedamos cuando lo decimos.

  • En Diana y Tuda, Luigi Pirandello coloca al espectador frente a una tensión silenciosa y perturbadora: la lucha entre la vida que se mueve y la forma que quiere eternizarla. La obra se sitúa en el mundo del arte, pero no lo celebra; lo desnuda. Aquí, crear no es un acto inocente, sino una operación peligrosa, casi violenta.

    Tuda es una joven modelo en plena vitalidad. Su cuerpo no es solo bello: está vivo, responde, se cansa, protesta. Frente a ella se alza Sirio Dossi, escultor obsesionado con alcanzar una obra definitiva, una forma absoluta que no envejezca ni tiemble. Para lograrlo, necesita algo más que talento: necesita apropiarse del cuerpo vivo de Tuda y someterlo a la inmovilidad de la estatua. No busca a la mujer; busca la forma que puede extraer de ella.

    La referencia a Diana cazadora no es decorativa. Diana encarna la autonomía, la acción, la independencia del cuerpo femenino. Pero en la obra, esa postura heroica es impuesta, sostenida a la fuerza durante horas, hasta que el gesto deja de ser poder y se convierte en sacrificio. Tuda posa como una diosa, pero lo hace como humana: con dolor, cansancio y conciencia.

    Pirandello introduce entonces una pregunta inquietante: ¿qué precio paga la vida cuando el arte exige perfección? ¿Qué ocurre cuando el cuerpo deja de pertenecerse y pasa a ser material? Tuda no es ingenua ni pasiva. Comprende lo que sucede, lo observa con ironía y lucidez, y aun así queda atrapada en una red donde el amor, la admiración artística y la ambición se confunden peligrosamente.

    Diana y Tuda no es solo una obra sobre artistas y modelos. Es una reflexión profunda sobre el poder, la posesión y el conflicto entre lo efímero y lo eterno. Cada gesto detenido, cada silencio, cada postura sostenida revela una verdad incómoda: cuando la vida se convierte en forma, algo esencial comienza a perderse. Y esa pérdida, aunque aún no se nombre, se siente desde el primer instante.

     
  • ¿Qué pasaría si el mayor seductor del mundo no creyera en nada… ni siquiera en el infierno?

    Don Juan, joven aristócrata, brillante, elegante e irresistible, ha hecho del amor un deporte y del engaño una forma de vida. No hay mujer que no pueda conquistar ni promesa que no rompa. Ya sea una dama de alta alcurnia, una campesina inocente o una novicia arrancada del convento, Don Juan no conoce límites. Lo acompaña siempre Sganarelle, su criado, tan cobarde como moralista, quien intenta inútilmente frenar la caída de su amo hacia el abismo.

    A través de esta comedia profundamente crítica, Molière presenta a un personaje audaz, irreverente y moderno, que pone en jaque las instituciones del matrimonio, la religión y la moral de su época. Don Juan no solo es un seductor, sino también un iconoclasta: desprecia a Dios, ridiculiza a los médicos, se disfraza para escapar de sus enemigos y miente sin pestañear. Su retórica es tan poderosa que incluso hace dudar a quienes lo condenan.

    Pero el mundo que Don Juan ha despreciado no se queda callado. Las mujeres traicionadas, los hombres humillados, los dioses burlados… todos piden justicia. En esta obra llena de ritmo, humor y tensiones filosóficas, lo cómico y lo trágico se entrelazan hasta alcanzar un desenlace memorable.

    Ideal para compañías que deseen explorar la seducción del poder, la fragilidad de la verdad y la eterna lucha entre el placer y la conciencia.

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