En el año 2000, la próspera —y ficticia— República de Jauja celebra elecciones que prometen un nuevo amanecer para sus ciudadanos. Camaleón II, carismático y astuto, sube al poder con el apoyo de El Pueblo, La Democracia, El Trabajo y La Industria, jurando acabar con la injusticia y la corrupción. Sin embargo, pronto descubrirán que las palabras dulces pueden esconder los mismos viejos vicios.
En este país de nombres alegóricos, las máscaras caen rápido: la Aristocracia maniobra para colocar a toda su parentela en cargos rentados; Don Simón Creso, banquero y flamante Ministro de Hacienda, protege sus propios intereses; Bertoldo Cara de Palo, vocero oficial, reparte favores a cambio de lealtad; y La Prensa “tragaldabas” convierte mentiras en titulares.
Entre escenas cómicas y diálogos punzantes, El Pueblo sigue esperando las promesas cumplidas: trabajo digno, industria nacional protegida y justicia equitativa. Pero el nuevo gobierno parece más interesado en fiestas, cargos para amigos y nuevos impuestos que en cambiar la vida de quienes lo eligieron. Las metáforas políticas se entrelazan con el humor satírico y las exageraciones teatrales, dibujando un retrato universal de los abusos de poder y la resignación ciudadana.
La República de Jauja es una sátira brillante de Juan Rafael Allende que, pese a ambientarse en un “futuro” ficticio, se siente inquietantemente actual. Con personajes que representan fuerzas sociales, virtudes y defectos colectivos, la obra desnuda las alianzas entre política, riqueza y religión, recordándonos que la verdadera Jauja —la tierra de la abundancia— sigue siendo, para la mayoría, un espejismo.










