Tres hombres encerrados. Ninguna condena clara. Ninguna culpa demostrada.
Solo la sospecha.
En una celda fría y sucia, mientras una radio suena a ratos desde el pasillo, se cruzan tres mundos que rara vez se miran de frente. Un delincuente profesional que conoce el sistema mejor que nadie. Un trabajador honrado que cree que el esfuerzo lo salva de todo. Y un muchacho que acaba de cometer su primer error.
El encierro los obliga a hablar. A provocarse. A defenderse. A confesarse.
Las risas esconden miedo. El humor es un escudo. La violencia siempre está a punto de estallar.
Por sospecha no es solo una obra sobre presos: es una radiografía brutal de una sociedad donde la justicia no es igual para todos, donde la pobreza se castiga antes que el delito y donde el poder se ejerce desde la impunidad. Luis Rivano construye un texto ferozmente humano, cargado de oralidad chilena, ironía popular y una lucidez política que golpea sin pedir permiso.
En ese pequeño calabozo caben la historia reciente del país, el miedo heredado, la tortura silenciada, la corrupción cotidiana y una pregunta que atraviesa toda la obra:
¿quién es realmente culpable?
Con una estructura simple y un lenguaje directo, la obra avanza como una pelea verbal, un duelo ideológico y emocional donde nadie sale ileso. El tiempo se estira, la espera asfixia y la sospecha se vuelve una forma de condena.
Una obra intensa, incómoda y necesaria. Teatro social en estado puro.








