Hoy nos sumergimos en la mirada de uno de los fotógrafos más relevantes de nuestra historia, hablamos del chileno Sergio Larraín, el artista de las mil vidas.

Apadrinado por Henri Cartier-BressonSergio Larraín había alcanzado fama mundial a finales de la década de los sesenta, entre otras cosas, por retratar en 1959 a Giuseppe Genco Russo, uno de los capos más temibles de la mafia siciliana. Pero decidió abandonar de golpe el olimpo de los fotógrafos modernos. En 1970 quemó numerosos negativos de su obra, rompió con la agencia Magnum y se recluyó en un pequeño pueblo del norte de Chile para dedicarse a la pintura y a la meditación.

A mediados de los años 50, por encargo de dos entidades benéficas, Larrain comienza a realizar con su cámara Leica fotografías de los niños de la calle, donde queda de manifiesto su preocupación por la injusticia social. “Duermen en los zaguanes o debajo de los puentes; viven de la mendicidad”.

En 1956, el director del Departamento de Fotografía del MOMA de Nueva York le compra dos de esas imágenes y a partir de 1957, viaja por Chile y Latinoamérica.

En 1958, el British Council le otorga una beca que le permite producir una serie de fotografías en Londres, donde captura sus calles, la niebla, las paradas de autobuses cerca del Puente Stainer, el Mercado Billingsgaste, el Hyde Park, clubes de jazz, la estación Victoria del Metro, el ajetreo de Oxford Street.

Sus imágenes son hipnóticas y su manera de fotografiar es en extremo atípica y particular, lejos de cualquier encuadre convencional.

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