Tres segmentos con cinco o seis escenas no lineales, con la actuación como recurso fundamental y la música para escuchar y bailar, le bastan a dos actrices para hablar de la violencia hacia la mujer en una obra regional de los XXXI Temporales Internacionales de Teatro de Puerto Montt, que se realizarán de manera digital entre el 3 y el 17 de diciembre.

Por Leopoldo Pulgar Ibarra

Entre las 21 obras seleccionadas para esta cita virtual -que no se pudo realizar presencialmente en julio pasado- figuran “Tango Thriller”, “Tu amarás”, “El sueño de Mó”,”El Húsar de la Muerte”, “Adiós señor Presidente”, entre otras.

También, “Qué día es hoy”, de Macarena González, dramaturga, directora y actriz del elenco, junto a María Paz Ruiz, con la cia. Descolgados Teatro, de Puerto Montt (jueves 10, 19.45 horas).

“El cuadro que da el título a este ‘ejercicio teatral’ lo presentamos en el Día Internacional de la Mujer, en marzo de 2019”, recuerda Macarena. “Allí hablamos de una persona que vivió la violencia en el hogar y también la del golpe de 1973 y la posterior dictadura militar”.

En el segundo cuadro, la propuesta se inspira en historias de mujeres que conviven con la violencia física y psicológica hasta el final de sus días, mientras que el tercero, relata la relación tóxica entre una pareja y al final que llegaron por culpa de ambos.

“En este monólogo interpreto a un hombre y se muestran los pasos hacia la violencia total desde el inicio, desde el amor”, comenta Macarena González (34).

Distintas visiones

¿Cuál es el alcance o límite del ‘ejercicio teatral’?

“Es un ejercicio teatral, porque el texto se fue creando, mientras conversábamos los relatos e historias y poníamos en escena la obra, trabajando la violencia según las distintas visiones con las que nos sentimos identificadas”.

¿Tiene hechos reales como referencia?

“Recurrimos a experiencias propias, recordando historias de madres, hermanas, tías, abuelas y amigas, sobre cómo hemos vivido y haciendo consciente las distintas formas de violencia que hemos sufrido en fiestas, calles, universidad, hogar… Fue un punto de partida: en el proceso creativo se fue ficcionando. ¡ En todo caso, la realidad supera la ficción !”

¿Suavizaron la realidad?

“Tratamos de utilizar todos los recursos teatrales para representar la violencia, a través de símbolos, lo más artísticamente posible.

“En todo caso, el guión es muy concreto y la violencia es explícita para que todos entiendan lo que queremos plantear. No tiene filtros, pero no muestra golpes.

“En este sentido no es explícita, pero con la palabra y otros recursos que utilizamos se entiende lo violento que es… Buscamos que el público reflexione junto con nosotros y todos modifiquemos nuestro pensamiento y acciones”.

¿Lo muy explícito te resulta muy básico?

“No. A través del desarrollo como actriz uno también busca nuevas alternativas y recursos para transmitir las distintas lecturas que se van proponiendo.

“El rojo en la luz, por ejemplo, puede ser amor, muerte, pasión, sangre… Para algunos, las flores en escena son muy concretas, pero para otros representan el regalo para la pareja… o para un funeral… Lo mismo ocurre con lavarse las manos después de un femicidio: símbolo del ocultamiento del crimen o de inocencia”.

Testimonio y enajenación

¿El título alude a un estado de enajenación?

“El cuadro que nos da el título lo mostramos por primera vez en el Día Internacional de la Mujer, en marzo de 2019. Habla del testimonio que da una mujer, cómo ha vivido la violencia con su marido, además de experimentar la violenta experiencia del golpe militar de 1973 y la posterior dictadura.

“Luego de ser presa y abusada por un carabinero, ella llega a su hogar y su marido la reta por no estar en la casa.

“La violencia hacia las mujeres de la generación de los 60 y 70, que sobreviven tomando todo tipo de medicamentos, las lleva a olvidar hasta ‘Qué día es hoy?’”.

¿Afecta más la violencia física o sicológica?

“Se me hace difícil decir cual violencia es peor. En la realidad y en la obra, la violencia hacia la mujer comienza con manipulacion, dejarlas sin voz, controlar todo lo que hacen… luego viene la violencia física. Ambas violencias van de la mano y dejan sus marcas”.

¿Cómo encaja en tu propuesta “Psicosis 4.48”, de la dramaturga inglesa Sarah Kane?

“Habla de una mujer dañada sicológicamente, de la angustia y depresión de una mujer engañada, el dolor de sentirse no comprendida por su entorno.

“Otros textos describen la experiencia de haber pasado por una relación tóxica. Es cierto que hoy eso está ocurriendo menos, pero cuando una mujer pasa por eso, se le dice que no hable del tipo porque ella quedará mal, que está loca, que se trague la rabia. Se habla del callar”.

Voces actorales

¿Lo fundamental en la puesta en escena?

“Más allá que sea o no una gran puesta en escena, me centro en la actuación, no importa que sea tan real, sino que el público se identifique.

“Esta obra está dentro de la idea del ‘teatro pobre’, con los menos recursos posibles en escena (usamos una banca y agua) para que el cuerpo y la voz sea lo fundamental.

“La música de César Paredes hace un tremendo aporte a la obra. Sólo pedí que estuviera ‘Rastaman-Dita”, de Molotov, que bailamos aunque tenía letra muy violenta hacia la mujer. También ‘Vení Raquel’, de Auténticos Decadentes, en que se infiere una violación.

“Por eso es importante para nosotras presentar la obra en los colegios, para reflexionar con los estudiantes sobre estos temas. Reflexionar, deconstruirnos y cambiar”.

Compartir En: