El 2017 fue el año más mortífero para los activistas medioambientales, cuando el número de víctimas mortales (es decir, que perdieron la vida) llegó a 207.

Arrestos, torturas y desaparición forzada son algunos de los riesgos que implica su profesión y en particular, los peligros de ejercer como un periodista que denuncia los abusos.

Tal es el caso de Lu Guang, un periodista reconocido que ha dedicado poco más de 30 años de trabajo en documentar los efectos medioambientales de las industrias en China, así como otras cuestiones como la salud, al fotografiar y denunciar la epidemia de SIDA en el país o las adicciones.

Sin embargo, el reconocimiento internacional de su labor también ha implicado el interés de las autoridades locales, así como el descontento de las mismas debido a la exposición indeseada de temas que de otra forma se mantendrían en total secreto y que seguirían poniendo en riesgo tanto a la población como al medio ambiente.

La censura en China no es ningún secreto. Desde décadas hay un férreo control sobre el contenido visible en Internet y otros medios. Del mismo modo, se practica con regularidad la detención de aquellos que van en contra del statu quo, la tortura, además de juicios secretos que transgreden los derechos de los acusados.

China se ha encontrado en la mira de gobiernos y defensores de Derechos Humanos debido a los campos de concentración para musulmanes en la región de Xinjiang, mismos que el gobierno se empeña en describir como centros de entrenamiento vocacional o de re-educamiento, a pesar de que sólo se trata de eufemismos para lo que en realidad son prisiones modernas en las que además de los musulmanes uigures, también llegan un sinfín de activistas, como Lu Guang.

Compartir En: