Algunas heridas cierran, sanan, se superan. Incluso de la infancia más dura surge la esperanza y la posibilidad de recuperación. Pero heridas otras no sanan. Otras nos han acompañado siempre, influyendo inconscientemente sobre nuestra forma de vivir.

Con este concepto tan vasto y complejo, la artista Lene Kilde, ha querido explorar a través de sus preciosas esculturas, los miedos y las posibles fracturas emocionales vividas en la infancia, esa época de la vida tan maravillosa y vulnerable a la vez.

Lene Kilde incorpora en sus esculturas un elemento no muy visto, el aire. Esto porque sus representaciones de niños sólo muestran sus manos y pies, obligándonos como espectadores a completar la imagen. La posición de los pies y las manos son una pista clave para conocer la personalidad de los peques. Para saber si son tímidos, retraídos o juguetones, es decir una ventana hacia sus emociones.

Kilde nació en Noruega y al culminar sus estudios sobre Arte en el 2012 inmediatamente comenzó a recibir ofertas de trabajo y becas para continuar estudios superiores. Inclusive en sus exhibiciones hay casos donde sus esculturas se agotan.

Lene utiliza como materia prima el alambre, la malla de acero y el concreto. A través de estos materiales logra mezclar los conceptos del dibujo y la escultura, mientras juega con los volúmenes y los vacíos dentro de la composición de cada obra.

En sus primeras esculturas utilizaba solamente el alambre, produciendo una ilusión en el espectador de estar mirando dibujos tridimensionales dentro del espacio. Con el tiempo decidió experimentar con la malla metálica y el concreto. Sus últimos trabajos están cargados de gran tensión visual, lograda por la confrontación entre un material liviano como de la malla y otro rígido y pesado como el concreto.

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