Corría 1979 cuando el director italiano Ruggero Deodato filmó Holocausto Caníbal (Cannibal Holocaust) (mirá el video arriba). El tema era su obsesión. Era su segunda película luego de Mundo Caníbal, Mundo Salvaje, que rodó en 1976.

Deodato era un director de películas clase B. Entre mediocres y bizarras. Y jamás imaginó que su película pasaría a ser objeto de culto.

Holocausto Caníbal narra la historia de cuatro periodistas que viajan al corazón del Amazonas en una zona llamada “Infierno Verde” para documentar a unas tribus locales que eran caníbales.

La desaparición de los periodistas lleva a que dos meses después, un grupo de rescate, a cargo del antropólogo Harold Monroe, es enviado al lugar para averiguar qué les había pasado. El antropólogo logra conquistar el corazón de la tribu de los Yanomani y obtiene los videos que los cuatro periodistas filmaron en la selva.

Cuando ve el contenido de las cintas se entera que los cuatro murieron y fueron devorados por los caníbales.

Monroe, horrorizado, se topa con un problema: el canal de televisión que envió a los cuatro periodistas decide emitir los videos.

Cuando Holocausto Caníbal se estrenó en Italia, la sociedad de ese país se escandalizó. Hasta un divo como Sergio Leone, director renombrado en ese momento del cine western o spaghetti, se tomó la molestia de escribirle una carta a Deodato: “Querido Ruggero, ¡qué película la tuya!. Todo parece tan real que creo que te meterás en varios problemas“.

Dicho y hecho. El estreno fue en Milán, el 7 de febrero de 1980. El 17 de ese mes, la Justicia la prohibió en todo el país. La mesa estaba servida para Deodato, que buscó que su película produjera horror y polémica.

Y comenzaron las versiones. La más fuerte decía que los cuatro periodistas habían perdido realmente la vida en la selva amazónica. Que todo lo que se veía en Holocausto Caníbal era real.

Y había motivos para creerlo. El estilo de filmación era de falso documental, con cámara en mano, y los efectos eran tan reales que hasta una revista, la famosa Interviú de España publicó una larga nota del periodista Vicente Gracia en la que decía que todo lo filmado era real.

En su nota aseguraba que los cuatro periodistas norteamericanos habían sido “devorados”, que una indígena había sido “violada y empalada” y que los propios periodistas habían “exterminado a una pequeña tribu de indígenas, incendiando sus chozas para darle más realismo al documental que filmaron”.

Deodato era un genio para la intriga. Antes de filmar su película hizo firmar un contrato secreto a los cuatro actores que interpretaban a los periodistas. Tenía un solo artículo: no podían aparecer en público durante un año a contar desde el día del estreno de Holocausto Caníbal.

El director sabía que su película iba a provocar un escándalo en Italia. Pero no imaginaba que el escándalo iba a recorrer el mundo. Y a Deodato le entró miedo.

Lo primero que hizo fue presentarse en un programa de televisión con los cuatro “periodistas” vivos.

Pero no tuvo suerte con otra controversia de película. Una de las escenas, tal vez la más famosa de la película, mostraba a una indígena empalada. Deodato quiso demostrar que  era un truco. Pero la indígena de la escena, interpretada por una muchacha colombiana, nunca fue encontrada con vida. Para todos, la chica murió empalada y la película pasó, de ser polémica, a ser maldita.

Deodato fue condenado a 4 meses de prisión condicional y una multa.

Después que se comprobó que los cuatro actores que hacían de periodistas estaban vivos, Holocausto Caníbal volvió a ser emitida en los cines, pero no en Italia, donde tuvo que esperar hasta el año 2000 para ser nuevamente emitida.

Pero en el resto del mundo la gente acudía al cine a ver esta película “basura” que solo mostraba abusos sexuales, violaciones, torturas, asesinatos, antropofagia y el sacrificio real de animales. Contra esto, Deodato no puso escusas.

Reconoció que en la filmación se mató a una rata almizclera que fue abierta de punta a punta, a una tortuga gigante, a la que se saca del agua, se la decapita, y se la despoja de su caparazón y órganos por los actores Perry Pirkanen y Ricardo Fuentes. Luego la cocinaron.

Trágica suerte también para una araña gigante a la que se la mata con un machete, una serpiente a la que se corta por la mitad, un mono al que se decapita, y un cerdo al que se lo asesina a balazos. Una brutalidad contra animales inocentes que despertó la justificada ira de organizaciones animalistas.

Lo peor para los actores es que para darle “realismo”, como quería Deodato, a los animales había que comérselos.

Nadie se podía explicar cómo esa película era un suceso. En Japón, Holocausto Caníbal, fue la segunda película con mayor recaudación en 1980, solo superada por E.T. de Spielberg.

Lo cierto es que Holocausto Caníbal se filmó en 1979 en la ciudad colombiana de Leticia. Casi no tenía guión y los actores debían improvisar las escenas.

Y el ambiente en el Amazonas fue caótico. La tremenda temperatura, las peleas entre los actores, las discusiones por las torturas a los animales y muchos varios más.

El actor Robert Kerman, que interpreta al Profesor Monroe en la película, tildó siempre al director “como un sádico con todo el mundo“.

Ruggero Deodato justificó así su película: “es una crítica social a la televisión, quien en sus noticias es capaz de mostrar cualquier tipo de atrocidad para subir sus índices de audiencia, mientras que en la industria del cine los directores nos vemos sometidos a estrictas políticas de censura para producir películas”.

Un dato final. Ruggero Deodato tiene 81 años y está planeando una secuela de Holocausto Caníbal. Ya sería demasiado.

Compartir En: