Por Paulette Waissbluth 

Púa es uno de los tantos libros que ha escrito Lorenzo Silva, una ficción que trata de un personaje que ha cometido acciones atroces que dejó en el pasado, sin embargo, años más tarde acepta el encargo de un antiguo compañero.  

El autor no se enfoca en relatar qué crímenes cometió el personaje principal, sino en exponer un análisis más profundo de la conducta humana ante ciertos escenarios. No hay juicios de valores por parte del autor, eso queda en manos de los lectores, por lo mismo, la historia pasa a ser contada en primera persona, para tener una cercanía con el lector.   

¿Cómo nace el personaje de Púa, cómo lo construiste? 

Los personajes de ficción al final acaban siendo una mezcla de retales. Por lo menos —en mi caso—procuro trabajar inspirándome en personas reales, pero nunca quiero que un personaje de ficción sea demasiado deudor de una persona real, de un individuo concreto. Si quiero retratar a un individuo, pues le llamo por su nombre y su apellido y asumo el riesgo porque le puede molestar, para empezar, si está vivo, y si él no está vivo o ella no está viva, pues puede tener familia en la que también le moleste. Si quieres retratar a alguien debes hacerlo, a lo mejor, renunciando a la ficción.

Cuando piensas en un personaje de ficción es como trascender lo que puedan ser las circunstancias concretas de una determinada persona, y lo que te interesa son rasgos, circunstancias, experiencias, peripecia vital. En el caso de Púa, en los últimos años he investigado libros que tienen que ver con materias muy diversas, desde novelas policíacas en las que se aborda la delincuencia urbanizada o la delincuencia individual, otro tipo de relatos de ficción y de no ficción en torno al terrorismo y la lucha contra el terrorismo, o incluso otro tipo de relatos de ficción y de no ficción en torno a las guerras contemporáneas. He ido entrevistando a muchas personas y me he ido encontrando testimonios de personas que han estado en situaciones de violencia o bien han conocido por su trabajo, por su investigación, en el caso de policías, a personas que han estado ahí y que además no solo han estado en el corazón de la violencia, sino que han ejercido ellos la violencia. Y, además, es una violencia que en muchos casos podríamos decir que es ilegítima o que es desproporcionada o que es asimétrica. La violencia es difícil legitimarla, pero puede haber una violencia legítima cuando alguien te ataca y tú te defiendes para salvar tu vida y los medios son más o menos proporcionales, pero cuando tú atacas a alguien a traición, cuando tú atacas a alguien que está indefenso, cuando tú atacas a alguien que está en una inferioridad manifiesta, ahí la legitimidad resulta un poco más dudosa. Entonces, hice estas entrevistas y me encontré con testimonios de situaciones que me llamaban a abordar todo esto a través de la ficción, creando una serie de personajes, pero fundamentalmente el protagonista, que participaran de esta violencia, que la desencadenaran ellos, que en cierto modo tuvieran la condición de verdugos y que no pudieran decir «soy un verdugo» con una justificación, sino que tuvieran que decir «soy un verdugo» y lo que dice no tiene una justificación real, es decir, ¿cómo se vive cuando en tu memoria está la huella de que hiciste algo que, aunque podía parecer que tenía una justificación, aunque las circunstancias te llevaran a hacerlo, tú mismo en tu foro interno tienes que admitir que no fue legítimo y que causó dolor, muerte, destrucción, daño, mal a terceros?

¿Y hay algo de usted en Púa?

Afortunadamente no, por lo menos no en esa parte, yo no soy consciente de haberme dedicado nunca a eso, incluso de las cosas que hace Púa me siento incapaz de hacerlas yo, pienso que con el estímulo más poderoso que alguien me propusiera torturar a una persona indefensa, creo que yo no podría, que a mí se me caería de la mano el instrumento para torturar. Entonces, digamos que esa dimensión de Púa no la comparto, la he tenido que extraer de testimonios de personas que sí se han visto situaciones así. He hablado con torturadores, con terroristas, con soldados que han matado en guerras, y eso te permite un poco la experiencia que tú no tienes. Lo que puede tener Púa de mí, porque al final a los personajes te tienes que acercar de alguna manera, es que este personaje que hace cosas tan inhumanas tuviera una dimensión humana, que no fuera un verdugo psicopático, que no fuera un verdugo robotizado, eso a mí no me interesa porque ese personaje no tiene ningún conflicto. Entonces, que él tuviera contradicciones fuertes y una de esas contradicciones es que su vida transcurre por la senda de la violencia, pero realmente su inclinación no era esa, su inclinación eran los libros y hasta la escritura, pues esa parte sí que se la puedo prestar yo. Y también en Púa él tiene alguna relación amorosa al igual que yo, cuando afrontas el relato de una relación amorosa es imposible partir en cierta manera de tus propias experiencias, de las luces y las sombras que tienen las relaciones amorosas, de la mezcla de lealtad y deslealtad que se da en toda relación amorosa.

Además de lo que me comentas respecto a los testimonios en los que te basaste para armar la historia y los personajes ¿Hubo alguna otra forma en la que analizaste la maldad y la profundidad con la que la abordas, ya sea con literatura, filósofos, entre otros?

Realmente he ido más a los testimonios, porque los análisis filosóficos y éticos son muy abstractos y muchas veces no abordan la casuística que se da. Yo creo que para contar una historia en torno al mal a través de una experiencia humana, que en el fondo es como la cuentas en la novela, es más útil que alguien que lo hizo te cuente porque siendo una persona no en especial perversa, cruel, predispuesta a la violencia, acaba ahí. Por ejemplo, a mí me resultó muy significativo cuando alguien me contó el camino que le llevó a formar parte de una organización terrorista y a dedicarse durante semanas a seguir a personas para asesinarlas, es decir, para buscar el momento en el que fuera menos peligroso para él y por lo tanto más ventajoso, acercarse por la espalda y pegarle un tiro en la nuca directamente. O sea, es básicamente cómo una persona normal que tiene una vida normal llega ahí. Y en el camino cuando te lo cuentan te das cuenta de que está hecho de una serie de circunstancias, casi siempre hay unos agravios, una inmadurez, personas que te manipulan, una cierta inconsciencia, finalmente hay una indiferencia hacia la humanidad de la víctima a la que siempre hay que despersonalizar al máximo para poder atentar contra ella. O, por ejemplo, también otro tipo de testimonio desde el lado contrario es cuando te cuentan por qué toman la decisión de torturar a una persona, sin ser un sádico o alguien a quien le divierte torturar, incluso la persona te dice que lo pasó muy mal mientras lo hacía porque es muy desagradable hacer algo que tú mismo tienes la conciencia de que es muy indigno, porque es un combate desigual, es un abuso y más. Entonces te cuentan ese juicio que en algún momento hacen, también dentro de un grupo, en medio de una tensión, en un momento en el que además había muchas muertes, muchos atentados, habían matado a compañeros suyos de manera cruel y traicionera, y hay una persona que piensas que tiene una información y que, si se la sacas rápidamente, puede salvar vidas. Y aunque te das cuenta de que lo que vas a hacer no está bien, piensas que esto es un mal, pero es un mal mayor que mañana una mujer se quede viuda, es un mal mayor que mañana tres niños se queden huérfanos, y tienes la convicción de que esa persona tiene una información que te va a permitir detener a los que van a cometer ese atentado. Por lo tanto, también te hace ver cómo se produce el mal que muchas veces es una mezcla de circunstancias, agravios, inconsciencias, indiferencias, falsas justificaciones, o justificaciones precarias que sin embargo al momento funcionan.

Otra cosa que me llama la atención es cómo mucha gente causa este mal extremo, por ejemplo, los terroristas que actuaron en mi país hasta hace unos años asesinaron a 20 niños pequeños incluidas dos gemelas de tres años, pero no fue un accidente, no fue porque se equivocaran, pusieron bombas en lugares donde sabían que había niños, aceptando que murieran niños, ¿y todo esto en nombre de qué? Pues en nombre de una patria, la patria vasca en este caso, que era una especie de construcción ideal que había sido invadida por los españoles y que era por la libertad y dignidad de la patria vasca, y eso suena bonito, pero al final hay unos niños muertos por una bomba. O cuando alguien mata en nombre de Dios, es algo que se ha hecho muchísimas veces, todavía hoy hay terrorismo en nombre de Alá, hablan del Corán y de Dios que es el justo, el misericordioso, pero al final estás metiendo una bomba en una mezquita o en una plaza y matando a 40 personas que quedan desmembradas, ¿dónde está el amor de Dios en esas personas desmembradas? Esas causas absolutas muchas veces aturden a la gente y le impiden percibir la perversidad, la crueldad inmediata de lo que están haciendo.

¿Cómo sobrellevaste mentalmente los crueles testimonios que tuviste que escuchar directamente de personas que torturaron y mataron?

Me fui encontrando muchos testimonios, por ejemplo, sobre la guerra. Llevo trabajando casi 15 años desde la guerra de Irak, la de Afganistán empezaron en el 2001-2002, la de Irak en el 2003, y yo en el 2006 hice libros sobre la guerra de Irak. Bastantes testimonios de soldados que me contaban todo tipo de atrocidades, de las que producían los talibanes, los insurgentes chiíes en Irak, los del Daesh también en Irak, pero también, por ejemplo, las atrocidades de los mercenarios, los contratistas privados estadounidenses que disparaban a todo lo que se movía. Entonces, cuando me acerqué a estos testimonios tenía una actitud para preservar mi salud mental, que era no justificar lo que me dijeran porque no es justificable, no es justificable que haya una batalla con heridos y una mujer se acerque a intentar ayudar a un herido y alguien le dispare a la mujer, eso, por ejemplo, es algo que me han contado que hacían los mercenarios estadounidenses. No es disculpable que para defender una posición mandes contra los enemigos un niño bomba, esto lo hacía el Daesh, he hablado con gente que ha visto venir hacia él un niño bomba, o sea, un niño con armas explosivas para detonarlo. Esto no es aceptable, esto es absolutamente injustificable, pero mi trabajo al recoger esta historia y al contarla no es juzgarlo, el hecho se juzga por sí mismo, es decir, no tengo que convertirme yo en un tribunal que vaya decretando la inhumanidad y la abyección de todas estas personas, son hechos que se producen, que forman parte de la historia y que forman parte de la condición humana y hay que ser consciente de ellos, hay que tomar distancia respecto de ellos, no puedes entender que hay circunstancias bajo las que es aceptable o inaceptable.

Por otra parte, tú eres un ser humano, tú no estás por encima de esas cosas, tú compartes la condición de esos seres, por atroces que te parezcan. Otra cosa es no buscar la cómoda solución de que son monstruos, de que son otra cosa, no, son seres humanos, como tú y como yo, y todos tenemos malos impulsos, todos tenemos sombras en nuestro interior y afortunadamente la mayoría de la humanidad sabe contenerlas, la mayoría de los seres humanos saben refrenarlas, saben no dejarse llevar por ellas, pero hay seres humanos que no.

En una entrevista mencionas la frase «un viaje hacia el corazón de un verdugo», ¿qué corazón ves en un verdugo?

La literatura y la ficción un poco más convencional, en el fondo no deja de ser algo bastante cómodo, a verdugos que son muy distintos, están muy al otro lado de las cosas, como Aníbal Lecter que se come a la gente y se ríe, o el Joker que también es una especie de sádico y se ríe, pero estos personajes no tienen ningún conflicto, les faltan dimensiones fundamentales de lo humano. He conocido a gente que ha estado en estas situaciones, que estuvieron, por ejemplo, dentro de un organismo terrorista, y cuando te hablan de lo que hicieron y de lo que vivieron se emocionan, se avergüenzan y sienten culpa. Hacen un análisis moral de su propio comportamiento del que no salen bien, es decir, son humanos y eso es lo que a mí me interesa, porque un humano siente un conflicto, un psicópata no tiene empatía, no siente ningún conflicto, puede hacer lo que quiera y reírse ¿qué historia hay ahí? Hablando con uno de los militares que yo he conocido que han estado en combate, que han tenido que usar las armas y para defender sus vidas, uno que en concreto le pilló una emboscada, estaban él y unos ocho o nueve compañeros más, les cayeron encima en unas montañas apartadas 100 talibanes con armas automáticas, con lanzagranadas, que iban a matarlos porque no era emboscada, les había traicionado, alguien había dado la información de que estaban allí, y pues en esa situación tú no puedes parlamentar con los talibanes, no puedes decirle a los talibanes vamos a negociar esto, seamos razonables y humanos, no, tú sacas el arma que llevas y empiezas a disparar todo lo que puedes contando las balas para que no se te gasten, pero intentando que cada bala mate a alguien.

Alguien que está en ese momento, donde lo que está es pensado en hacer el mayor daño posible y a cuantos más mejor, había pedido apoyo aéreo y tenía que aguantar la munición, y entonces se le iba haciendo largo el enfrentamiento y miró el reloj para ver qué hora era, y en ese momento se dio cuenta, por la diferencia de horario entre Afganistán y España, y pensó, en este momento mi hija está entrando al colegio, ¿yo volveré a ver a mi hija alguna vez? ¿o mi hija se va a quedar sin padre hoy? ¿y por qué se va a quedar mi hija sin padre hoy? ¿y qué hago yo aquí? Es decir, es un tipo que está disparando a toda la velocidad que puede, para matar a cuantos más enemigos mejor, y se acuerda de su hija, se emociona, y tiene que contener esa emoción para seguir defendiéndose, pero es el mismo ser humano. Esto no lo vemos en las películas de guerra, por ejemplo, las de Rambo que solo dispara, caen los enemigos y Rambo nunca siente nada, pero al final de la película hay un crepúsculo y a Rambo se le humedece los ojos, es un sentimentalismo casi grotesco. Por ejemplo, a mí me ha pasado con alguna persona que también ha estado en un episodio de torturas o de excesos policiales que lo recuerdan y se avergüenzan, lo lamentan, tienen problemas para llevarlo, algún lector que está muy acostumbrado a esta ficción en la que los verdugos son robóticos e implacables y no sienten ni padecen ni se hacen preguntas. Si es una persona, si es un ser humano normal, ¿cómo no se va a preguntar por la dimensión moral de actos que consisten en engañar, manipular, estafar, torturar, secuestrar, asesinar? ¿cómo no se va a preguntar por eso? Por tanto, respondiendo a tu pregunta, claro que tienen corazón muchos verdugos, otra cosa es que lo endurezcan mientras están ejerciendo como tales, pero no es seguro que incluso respecto de ese mismo acto que cometieron con absoluta dureza, cuando pasen 20 años no sean tan duros.

¿Qué tiene que ver la ETA en esta ficción?

Es una inspiración, es el episodio de terrorismo que más ha influido en mi vida. Yo nací en los años 60 y cuando yo nací ETA ya existía, el día que yo cumplí dos años ETA cometió su primer asesinato, tengo una foto de ese cumpleaños soplando las velitas con mi prima, y ese mismo día ETA cometía su primer asesinato. Cometió mil y yo los vi todos, coexistí con todos. Durante buena parte de mi vida pensé que no vería el final de ETA, parecía que era indestructible, pero vi su final y los vi desaparecer absolutamente. Entonces, ¿cómo no me va a influir esa historia? Pero yo no quería contar esa historia directamente. Si lo hubiera querido hacer, lo habría hecho ya escribí un libro de no ficción que se llama Sangre, sudor y paz, una crónica exhaustiva de ETA desde su fundación hasta su disolución. Y tengo una novela que se llama El mal de Corcira, que desde la ficción aborda el terrorismo de ETA llamándola por su nombre, con lugares, con fechas, con los atentados que cometían, los de los niños, con todos los detalles. Pero aquí no quería seguir escribiendo esa historia, sino hacer una historia más general, más universal.

Muchas democracias, muchos estados de derecho, supuestamente desarrollados, han vivido episodios de guerra sucia, solo sin salir de Europa Occidental, han vivido amenazas terroristas y luego, como respuesta, guerra sucia, no dentro de la ley, sino fuera de la ley. El Reino Unido con el IRA, Italia con estos terrorismos marxistas, anarquistas y de ultraderecha neofascistas que tuvieron durante unos años todos a la vez. Francia, Alemania, Bélgica, en todos esos países hay episodios de guerra sucia contra el terrorismo. Entonces, yo quería que la historia partiera de esa realidad, indudablemente de la que tengo más informaciones y que he tenido más cerca, pero no lo he utilizado para luego dar un testimonio documental en la novela, sino como material de partida para extraer elementos, rasgos, circunstancias, situaciones, conflictos que traslado a una ficción pura, a un lugar que no sabemos cuál es, a una época que tampoco sabemos cuál es y para que no lo sepamos no hay ningún teléfono móvil, cuando pones teléfonos móviles ya estás situando todo. De todas maneras, hay una cosa curiosa porque no sabemos si no hay teléfonos móviles porque no los hay o porque no los usan, porque por ejemplo Al Qaeda no usaba teléfono móvil porque sabía que eran muy interceptable.

¿Tiene algún autor referente o cualquier persona que usted haya leído y que le haya inspirado?

Para la novela policiaca mi principal inspiración es Raymond Chandler, el creador de Philip Marlowe, el investigador californiano novelista estadounidense, algunas de sus novelas se llevaron al cine en la época dorada de Hollywood. Tiene un personaje que es un investigador, pero que es un tipo con cierta melancolía, cierta capacidad de reflexión y hay una mirada poética. Yo creo que la literatura siempre necesita un aliento poético, aunque no hagas versos, si no utilizas las posibilidades expresivas del idioma, si no te planteas que por lo menos haya alguna imagen, el propio apodo de este hombre es una imagen poética, es una metáfora en realidad. Esa es la influencia principal para mí a la hora de hacer novela policiaca, pero a la hora de acercarme a historias conflictivas y de violencia, de intentar construirlas con una cierta veracidad, yo diría que mi referente máximo en este momento es Svetlana Aleksiévich, la premio Nobel bielorrusa del año 2015, si no me equivoco, no suelo estar muy de acuerdo con el premio Nobel, pero en este caso  creo que premiaron a una grandísima escritora, porque una cosa que hace muy bien Svetlana Aleksiévich es construir historias a partir de las distintas voces, por ejemplo, su libro Voces de Chernóbil, que se convirtió en la serie de HBO, recreó esta catástrofe con la metodología de hablar con las personas que han vivido cerca para que a partir de ese coro de voces intentar extraer una ficción literaria o una narración literaria que sea verdadera, a mí me parece que es lo que yo hago, es lo que intento hacer.

Por último, considerando la temática del libro y los testimonios que escuchaste, ¿qué opinas de la controversial frase de «el fin justifica los medios»?

En general creo que tiende a ser falso y llevado al extremo, es decir, el fin no justifica medios que son metafísicamente contrarios al fin, no puede ser, eso lógicamente repugna a la razón humana, y también repugna a la experiencia de los seres humanos, y también diría que está en contradicción con la historia. Después de haber escrito esta novela, me dio en mis manos un libro curioso, muy raro, es un libro que se publicó en España no hace mucho de Harari, se llama Sapiens, este hombre su formación y a lo que se dedicó en sus primeros años es a la historia militar y además medieval, y tiene un libro que se llama Operaciones Especiales en la Edad de la Caballería, y habla de cómo en la Edad Media, cuando imperaba el ideal caballeresco, y todos los reyes eran caballeros, y el ideal caballeresco es que luchas siempre noblemente, de frente, en igualdad, si tu enemigo se cae al caballo, tú te bajas del caballo para no matarlo del caballo de una manera indecente, pues en esa época donde prevalecía el ideal de la caballería. Lo que cuenta Harari son todas las operaciones de guerra sucia que se hacían, esos que decían ser caballeros recurrían a traidores, sobornaban, infiltraban gente, incluso utilizaban asesinos para desprenderse de sus enemigo, y había esa famosa secta de los asesinos que había en Oriente. Un caso que cuenta Harari, que es el colmo, es sobre Ricardo Corazón de León, ese rey tan caballeresco y todas las historias que nos han contado de era el caballero más noble de su tiempo, pues Ricardo Corazón de León tuvo necesidad de librarse de un rival que se llamaba Conrado de Montferrat y contrató a dos asesinos que se infiltraron en su corte y lo asesinaron, o sea que incluso en la edad de la caballería se utilizaban estas técnicas, y lo que dice Harari en una página de ese libro plantea una tesis suya, discutible como todas, pero creo que está bastante bien encaminada, dice que todas las sociedades a la media recurrían a la guerra sucia, pero hay un hecho cierto, en Occidente se recurría menos, y con el tiempo se fue considerando esto cada vez más indigno y por tanto se intentaba evitar, mientras que en Oriente se ha seguido utilizando la guerra sucia siempre, se asesina al rival, se traiciona, ¿cuál es el resultado de esa diferente intensidad en el recurso a la guerra sucia? De esa diferente intensidad en buscar ese argumento del fin justifica a los medios, mi fin noble justifica a mis medios innobles, pues que quien más ha recurrido a ella menos ha progresado, quizá esa sea una de las razones de un Harari por la que en Occidente ha habido un progreso mayor del que ha habido en Oriente, progreso económico, científico, técnico y político, pues las sociedades de Occidente en general son mucho más justas, no solo son más prósperas, no solo están más desarrolladas, no solo generan más conocimiento, más reparto de la riqueza, menos injusticia, sino que además son más exitosas.

Entonces, frente a esa duda que te planteas, te diría quel no, el fin no justifica a los medios, porque cuando se abusa del “fin justifica a los medios” cargas tu propio fin.

Ficha técnica

Título original: Púa

Autor: Lorenzo Silva

País: España

Año de publicación: 2023

Editorial: Ediciones Destino

La entrada Entrevista al escritor del libro “Púa”, Lorenzo Silva: “Para contar una historia en torno al mal a través de una experiencia humana es más útil que alguien que lo hizo te cuente” se publicó primero en CULTURIZARTE – Toda la cultura de Chile en un lugar.

​  Por Paulette Waissbluth  Púa es uno de los tantos libros que ha escrito Lorenzo Silva, una ficción que trata de un personaje que ha cometido acciones atroces que dejó en el pasado, sin embargo, años más tarde acepta el encargo de un antiguo compañero.   El autor no se enfoca en relatar qué crímenes cometió
La entrada Entrevista al escritor del libro “Púa”, Lorenzo Silva: “Para contar una historia en torno al mal a través de una experiencia humana es más útil que alguien que lo hizo te cuente” se publicó primero en CULTURIZARTE – Toda la cultura de Chile en un lugar.