El oasis de un espejismo

Fugitiva.

Pregonando la vieja escuela

La utopía que salta

Las alambradas del deseo.

Y toco

Adyacentemente

El punto de mira.

La manivela se desploma

Es Edipo rondando

En los suburbios.

Es Andrómeda

Eclipsando mi pereza.

Es el siniestro que

Cala mis huesos

En la enumeración

Caótica de mis desvelos

Ya no llueve

Se vuelca el charco a la lágrima

El punzón alista estocada.

Cae maldita        en el deshielo

Sangra la médula

En el oasis           de un espejismo.

Un zigzag quejumbroso

Buscamos la médula equivocada

y el clavado

succiona cada milímetro de tuétano

que cuelga de nuestras lumbres.

Y vagamos en el andén de la hipocresía.

Y nos confabulamos en la ira

enmarañada como madre selva

en nuestras entrañas.

Es burbuja y eco relampagueando

en un zigzag quejumbroso

que abre los pestillos del tic tac,

y despunta su piel,

para descuerar nuestras vidas.

Vendaval

Un vendaval azota las puertas

se mezcla en mis raíces

se atora en mi garganta

y ahoga el alarido

que agita mi cavidad cardiaca

y mi mundo se cuela en sus ojos

y mi tierra ya no es mi tierra

es un fuego circundando su voz

Cuando los relojes atoren mi extremidad

Cuando los relojes atoren mi extremidad,

sostengan el tiempo,

sin la cruz,

sin las inscripciones tatuadas en mi espalda,

voy a vaciarme y a beberme,

a embriagarme

sin anestesia el pasado.

El tímpano de los tiempos

Los jotes alivianan mi equipaje.

El tabaleo de mis lágrimas

se estruja una a una.

Se desovilla la anemia amatoria.

Rebano la niebla.

Traigo un arsenal de ecos

parpadeando en el tímpano de los tiempos.

La casa de las realidades

Me voy para beberme el alma y alimentar a los gusanos

Para ahorrar trabajo a la muerte

Y envenenar la tierra con mi mala hierba

Me voy al país de las mariposas nocturnas

Que humedecerán sus alas en mi boca

Al país donde las arañas y gusanos de mi cripta

Dejarán la escoba con la batahola que armarán

Cuando mis huesos desastillen la tiza

Y graben mi epitafio.

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