El mundo del ballet, la danza clásica valorada por los ricos nobles, era el ambiente más competitivo entre los bailarines; reclutados de los rincones más remotos de Europa. Entre ellos se destacó un hombre estilizado, de cuerpo fibroso y rostro andrógino que cautivaba al público; conocido como el superdotado del ballet y después como el enfermo bailarín del hospital psiquiátrico: el extravagante Vaslav Nijinsky, bailarín de ballet que revolucionó la danza.

Proveniente de una familia de bailarines polacos, el pequeño Nijinsky nació en 1889 en el Imperio Ruso; se destacaba por su increíble técnica de ballet y por sus grandes saltos que desafiaban a la gravedad. A los 16 años sus profesores de la Escuela Imperial de Ballet insistían para que se graduase un año antes, pero Vaslav quería concluir todas sus clases correspondientes por lo cual se negó.

Fue hasta julio de 1907 que Nijinsky debutó en el teatro Mariinski con el ballet La Source, al lado de la bailarina rusa Julia Sedova. En cada presentación, Nijinsky transmitía al público su pasión por el arte y generaba emociones a todo aquel que lo viera danzar, convirtiéndose así en el bailarín estrella e interpretando grandes obras del coreógrafo Michel Fokine, como EuniceEl pabellón de Armida y Noches Egipcias.

Lo que diferenciaba a Vaslav de los demás bailarines, además de sus apasionadas interpretaciones, era su técnica en pointe, algo normal en las bailarinas, pero que no se veía en los bailarines masculinos hasta que lo hizo Nijinsky en la obra Jeux. Además, ganó fama por sus saltos, que lo dejaban suspendido en el aire por segundos. Periodistas y bailarines lo atacaban con críticas, poniendo en duda su talento; un miembro de su compañía incluso preguntó cómo lo hacía y él contestó “Fácil, sólo tienes que saltar y quedar pausado en el aire por un momento”, con una sonrisa en el rostro.

En la cumbre de su carrera, Nijinsky amaba ser el centro de atención; ingresaba a los ensayos con aires de soberbia. Gracias a sus trabajo, fue contratado como bailarín y coreógrafo por Sergei Diáguilev, quien además de su director y productor, se convirtió en su amante cuando Vaslav solo tenía 19 y el empresario 35 años.

Un romance con beneficios para ambos, ya que el mismo Nijinsky contaba que inicialmente fue porque él y su madre tenían que comer. Debido tanto a su relación sexual con Diáguilev, como a su talento, los papeles principales en cada obra fueron asignados a Vaslav, grandes pas de deux como La Bella DurmienteGiselle y Scheherazade; hasta fue compañero de Anna Pávlova, la primera bailarina en llevar a cabo una gira mundial. El éxito de aquellas producciones hizo que Diáguilev creara el Ballet Ruso, la compañía más importante en esos tiempos.

Siendo un revolucionario del ballet y dando libertad a su creatividad, Vaslav creó obras como La Siesta del Fauno y La Consagración de la Primavera, pero sus coreografías no obtuvieron buenas críticas debido a sus movimientos radicales, obscenos y exhibicionistas que se decía, atacaba la calidad moral y artística del baile.

Vaslav Nijinsky siempre estuvo presente en conversaciones; y más cuando fue expulsado de la compañía, algunos decían, por masturbarse en el estreno de La Siesta del Fauno; otros, que fue por sus altas exigencias y caprichos respecto al vestuario. Aunque siguió trabajando para Sergei Diáguilev. Pero más adelante, cuando entre obra y obra Nijinsky olvidaba sus coreografías, alucinaba con que todos estaban en su contra y que los bailarines le robarían el trabajo, tanto su relación con Sergei como su carrera artística fueron deteriorándose.

En 1923, durante una gira en Sudamérica sin la supervisión de Diáguilev, Vaslav se casó con la bailarina húngara Romola Pulszky, fanática de sus interpretaciones. Nijinsky fue despedido tan pronto Sergei se enteró del matrimonio y los rumores de que había aceptado casarse para disfrutar la fortuna de Romola, no se hicieron esperar. Sin embargo, mientras los problemas mentales de Nijinsky se hacían más notorios, hasta ser finalmente diagnosticados como esquizofrenia, Romola Pulszky fue apartándole de la sociedad y encerrándolo en centros psiquiátricos.

Y ahí quedaba el prestigioso Vaslav, sin poder hacer más que bailar entre cuatro paredes y escribir en su diario. Nijinsky murió en 1950, en Inglaterra, a dónde Romola lo había mudado para protegerlo y a sus hijas de la Segunda Guerra Mundial.

Talento, amantes, sexo y delirio; todo esto engloba la vida del excéntrico Nijinsky, el “Dios de la danza”, que ahora descansa en el cementerio de Montmartre, inmortalizado como la marioneta Petrushka del ballet del mismo nombre.

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